Capítulos de la Segunda Guerra Mundial en Checoslovaquia

08-05-2014

Desde la llegada al poder en Alemania de Adolf Hitler, en 1933, cuando fue nombrado Canciller Imperial, se hacía cada vez más evidente que la ideología de ese país propugnaba el expansionismo y la hegemonía de los pueblos germánicos. Esa política desembocó en los mayores enfrentamientos bélicos en la historia humana, en los que también Checoslovaquia se vio envuelta.

Checoslovaquia entró en estado de guerra en otoño de 1938

Los Acuerdos de Múnich, foto: archivo de Radio PragaLos Acuerdos de Múnich, foto: archivo de Radio Praga Las ambiciones de poder de Adolf Hitler se hicieron patentes en otoño de 1938, cuando convenció a los representantes oficiales de Gran Bretaña, Francia e Italia a firmar los Acuerdos de Múnich. Estos suponían la entrega a Alemania de los Sudetes que formaban los territorios fronterizos de Checoslovaquia, pero en donde la mayor parte de los habitantes eran de origen alemán.

Los acuerdos fueron firmados en la noche del 30 de septiembre de 1938, sin la presencia y el visto bueno de ningún representante oficial de Checoslovaquia. Francia y Gran Bretaña, traicionaron con su actuación a Checoslovaquia, su aliado de entonces, pensando que, al respaldar de esa manera a Hitler, defenderían sus territorios y evitarían una eventual nueva guerra.

Eduard Stehlík, foto: Archivo de Ejército checoEduard Stehlík, foto: Archivo de Ejército checo La traición de Múnich, como es considerado ese pacto por los checos hasta el presente, representó un duro golpe para Checoslovaquia, según afirma Eduard Stehlík, del Instituto de Historia Militar, en Praga.

”Para la República Checa, uno de los países sucesores de Checoslovaquia, los acuerdos de Múnich representan uno de los grandes traumas históricos que no ha sido superado hasta el presente. El presidente, Edvard Beneš, se sometió entonces al dictado de entregar sin combate gran parte de los territorios nacionales a la Alemania de Hitler. Pero la mayoría de los militares criticaron esa decisión, porque a raíz de ella, de un día para otro Checoslovaquia, que era un país económicamente avanzado y con gran potencial militar-defensivo, se transformó en un estado mutilado que perdió la posibilidad de defenderse de los enemigos”.

Los territorios que fueron anexados por Alemania eran zonas de un gran potencial económico, con una red de comunicación de carreteras y vías férreas con el exterior.

Además, desde el punto de vista militar, el país fue privado de territorios montañosos que durante siglos representaron una importante barrera defensiva contra los ataques enemigos. Junto con ello, en el período entre las dos guerras mundiales, con ayuda de Francia había sido edificado un sistema de fortalezas que comprendía centenares de puntos de defensa.

Los habitantes de Checoslovaquia se conformaban difícilmente con la situación surgida. Cientos de checos tuvieron que abandonar los Sudetes, presionados por los ciudadanos alemanes que, después de Múnich, se volvieron nacionalistas y la mayoría apoyó la política de Hitler.

Los checos no entendían cómo un país democrático e independiente podía ser obligado a aceptar un dictado, que difícilmente aceptaría incluso un país que hubiese perdido la guerra. Lo consideraron una gran injusticia.

Múnich fue el primer paso para borrar Checoslovaquia del mapa de Europa. Muchos políticos advirtieron entonces que las ambiciones territoriales de Hitler no terminarían con la anexión de los territorios de los Sudetes en Checoslovaquia en otoño de 1938. Lamentablemente, tenían razón.

En la primavera de 1939, los nazis ocuparon el resto de Bohemia y Moravia

En marzo de 1939, los alemanes invadieron el resto de Bohemia y Moravia, foto: Free DomainEn marzo de 1939, los alemanes invadieron el resto de Bohemia y Moravia, foto: Free Domain Adolf Hitler no cumplió su palabra dada al firmar los Acuerdos de Múnich, de que se conformaría con apoderarse de los Sudetes y muy pronto comenzó a presionar a Checoslovaquia para que aceptara el control alemán sobre todo el país.

A comienzos de 1939, el entonces nuevo presidente checoslovaco, Emil Hácha, temiendo una invasión militar alemana y sabiendo que ya no podía contar con la ayuda de Francia y Gran Bretaña, aceptó ese nuevo dictado y ordenó a las tropas nacionales rendir las armas y no oponerse a la ocupación.

En la noche del 14 al 15 de marzo de 1939, los alemanes invadieron el resto de Bohemia y Moravia. Eslovaquia, por su parte, un día antes se separó de Chequia, creando el 14 de marzo un Estado clérico-fascista que colaboró con la Alemania nazi.

Los territorios checos eran importantes para Hitler desde el punto de vista estratégico, para expandir desde allí hacia los países del norte y el este europeo, así como por la industria pesada avanzada que había en Bohemia principalmente y era muy importante para los fines bélicos de la Alemania nazi.

Emil Hácha y Adolf Hitler, foto: Free DomainEmil Hácha y Adolf Hitler, foto: Free DomainNo obstante, como afirma el historiador Eduard Stehlík, nadie esperaba que la invasión de Chequia vendría tan pronto.

“Los especialistas militares, al igual que la opinión pública nacional e internacional no esperaban que Hitler violaría tan pronto lo acordado en Múnich, ocupando el resto de los territorios checos. En Múnich había afirmado que la anexión de los Sudetes era su última exigencia territorial. Durante la ocupación, en la zona industrial de Ostrava y al este del país los militares checos se levantaron contra el enemigo con armas en la mano y fueron oprimidos brutalmente por las tropas alemanas. Los combates prosiguieron hasta el 17 de marzo. En ese entonces, Adolf Hitler se había instalado ya en el Castillo de Praga y sobre el histórico inmueble fue izada una bandera con la esvástica negra”.

Los planes expansionistas de Hitler y de su Partido Nacional-Socialista Alemán de los Trabajadores, de una absoluta hegemonía germana en el continente europeo y la creación de un Tercer Reich, comenzaron a cumplirse y pronto afectarían al mundo entero.

El inicio de la Segunda Guerra Mundial

El 1 de septiembre de 1939, la Alemania nazi invadió Polonia, iniciándose la Segunda Guerra Mundial.

El 3 de septiembre, Francia e Inglaterra, con el posterior apoyo de la Unión Soviética, declararon la guerra a Alemania, creando el grupo de países que más tarde se conocería bajo el nombre de los Aliados.

Edvard Beneš, foto: ČT24Edvard Beneš, foto: ČT24En cuanto a Checoslovaquia, en Londres fue creado poco después un Gobierno checoslovaco en el exterior presidido por Edvard Beneš, quien se exilió en Inglaterra y otro Gobierno checoslovaco paralelo, pero comunista, fue creado en Moscú.

A diferencia de otras naciones, los checos recibieron con alegría la noticia sobre el estallido de la Segunda Guerra Mundial, hecho que explica el historiador Eduard Stehlík.

”Es paradójico, pero ninguna otra nación en Europa anhelaba tanto una nueva guerra como los checos. Esto se debió al hecho de que, al finalizar la Primera Guerra Mundial, después de tres siglos de opresión austro-húngara, finalmente en el siglo XX se formó un Estado Checoslovaco independiente. Y los checos creían que lo mismo pasaría después de la Segunda Guerra Mundial, o sea que recobrarían sus territorios y su independencia. Además, Praga estaba convencida de que Francia y Gran Bretaña derrotarían pronto a Alemania. Nadie se imaginó entonces que la guerra se prolongaría tantos años y que sería tan sangrienta”.

Ya antes del estallido de la guerra miles de voluntarios checos abandonaron su país y se dirigieron a Francia especialmente. Su objetivo fue formar unas legiones en el exterior, inspirándose en las legiones checas que combatieron en la Primera Guerra Mundial.

Algunos checos entraron en Francia en la Legión Extranjera, otros formaron en septiembre de 1939 en el sur de ese país una división militar checa y otros más se formaron como pilotos y en el año 1940 participaron en los combates de Francia contra las tropas hitlerianas.

Masacre de Katyň, foto: Free DomainMasacre de Katyň, foto: Free Domain Al ser ocupada Francia, los voluntarios checos se trasladaron a Gran Bretaña, donde crearon unidades terrestres, así como cuatro escuadras aéreas de la Real Fuerza Aérea Británica. En ese país había unos mil pilotos y unos cinco mil soldados de tierra checos.

Grupos de resistencia comenzaron a formarse asimismo en territorio checo, ocupado por los nazis. Decenas de miles de checos lucharon contra la Gestapo con armas en la mano o tomando parte en acciones subversivas. La gran mayoría de estos combatientes entregó su vida defendiendo a su país.

Otros checos se marcharon hacia el sur y crearon formaciones militares en el Oriente Medio que más tarde, en 1941, participaron en África del Norte en los combates de los Aliados por la fortaleza en el puerto de Tobruk.

Mientras tanto, un grupo de soldados checoslovacos que no alcanzó a irse a Occidente, fue capturado en Polonia por las tropas soviéticas, recuerda Eduard Stehlík.

”Tras la ocupación de las zonas occidentales de Polonia por las tropas alemanas y las orientales por las tropas soviéticas, en base al pacto Ribbentrop-Mólotov de agosto de 1939, un grupo de militares checos fue capturado en Polonia por los soviéticos. No les tocó el mismo destino de más de 30 mil oficiales y policías polacos que por orden de Stalin fueron ejecutados en los bosques de Katyn en Rusia. Los checos fueron internados, pero posteriormente pudieron crear un batallón checoslovaco en territorio soviético que en marzo de 1943 participó por primera vez en los combates junto al pueblo ruso de Sokolovo. Más tarde los checos formaron allí un ejército de unos 35.000 hombres que en 1945 ayudó en la liberación de Checoslovaquia”.

El atentado contra el protector nazi Reinhard Heydrich

Durante la guerra, los grupos de la resistencia checoslovacos en el país y en el extranjero se consideraban parte de un solo conjunto que tenía un único objetivo: derrotar a la Alemania nazi.

Reinhard Heydrich, foto: Bundesarchiv, Bild 146-1969-054-16 / Hoffmann, Heinrich / CC-BY-SA / Wikimedia Commons 3.0Reinhard Heydrich, foto: Bundesarchiv, Bild 146-1969-054-16 / Hoffmann, Heinrich / CC-BY-SA / Wikimedia Commons 3.0 La resistencia en Checoslovaquia mantenía un estrecho contacto con el Gobierno en el exilio en Londres por medio de estaciones de radio clandestinas. Desde Londres se manejaban diversas actividades subversivas en territorio checo, siempre en estrecha colaboración con los combatientes en el país y las autoridades británicas.

En el curso de la guerra fueron transportados al territorio checo unos 35 grupos de paracaidistas que ayudaron en acciones de sabotaje en refinerías, fábricas industriales y otras, según destaca Eduard Stehlík.

“Uno de los actos de mayor relevancia de la resistencia fue el atentado contra el protector nazi de Bohemia y Moravia, Reinhard Heydrich. Este fue uno de los colaboradores más cercanos de Hitler y artífice del proyecto del holocausto, o sea, el exterminio de los judíos europeos. En Chequia Heydrich mandó ejecutar a miles de civiles y miembros de la resistencia y fue odiado por la población local. La dirección checa de Londres decidió vengar a estas víctimas y envió al país a dos paracaidistas que el 27 de mayo de 1942 realizaron el atentado. Reinhard Heydrich murió diez días después a consecuencia de las heridas sufridas durante el ataque”.

El triste destino de Lidice y Ležáky

El asesinato de un oficial alemán de alto rango como Heydrich, naturalmente no pudo quedar sin una respuesta por parte de Berlín. La venganza fue realmente cruel. Fueron arrasadas las aldeas de Lidice y Ležáky y sus habitantes, incluidos los niños, asesinados o enviados a campos de concentración.

Además, fueron ejecutadas otras decenas de personas sospechosas de haber colaborado o ayudado a los paracaidistas llegados de Gran Bretaña, así como muchos presos en campos de concentración y checos acusados por los tribunales alemanes por algún delito no tan grave.

Masacre de Lidice, foto: ČTMasacre de Lidice, foto: ČT Según indican los historiadores, se calcula que unos cinco mil checos fueron ejecutados en reacción al atentado contra un solo nazi, Reinhard Heydrich, lo que fue una venganza muy extremada. Y tanto Lidice como Ležáky se han convertido en un fenómeno internacional de rechazo al nazismo, sostiene Eduard Stehlík.

”Especialmente Lidice, aldea situada cerca de Praga, pasó a ser un fenómeno internacional. Con anterioridad, los nazis habían arrasado aldeas en Ucrania y Bielorrusia, pero nunca lo habían anunciado al mundo. En el caso de Lidice fue distinto. Los nazis dieron a saber a todos sobre la venganza por la muerte de Heydrich y se jactaban con lo que habían hecho. En Lidice fueron asesinados niños menores de 15 años, las mujeres fueron enviadas a campos de concentración. De los 105 niños de Lidice, dos fueron enviados a Alemania para su reeducación y 88 a cámaras de gas en camiones. Terminada la guerra fueron hallados sólo 17 niños de Lidice”.

En la aldea de Lidice los nazis alemanes ejecutaron a 192 hombres, incluidos muchachos menores de 15 años y siete mujeres. Otras 50 mujeres murieron en campos de concentración y tres durante el camino de la muerte. La tragedia se cobró también la vida de 88 niños. O sea que la venganza nazi en Lidice la pagaron con sus vidas 340 habitantes de ese pueblo.

Semejante destino al de Lidice le tocó vivir a Ležáky, un poblado pequeño, situado en la Meseta Checo-Morava. Los nazis asesinaron allí tanto a los hombres como a las mujeres y de los 13 niños locales sobrevivieron dos. En total hubo unos 55 muertos en Ležáky.

Pero en este caso fue un poco diferente. Mientras que Lidice no tenía nada que ver con el atentado, en Ležáky había una estación de radio clandestina y en la aldea se habían ocultado algún tiempo varios paracaidistas llegados al territorio checo desde Gran Bretaña.

El comienzo del fin de la Alemania nazi

A finales del año 1942 comienza un viraje positivo en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Los Aliados logran derrotar las tropas hitlerianas en África del Norte.

La Batalla de Stalingrado, foto: BundesarchivLa Batalla de Stalingrado, foto: Bundesarchiv Aunque el punto de inflexión decisivo de la guerra fue la Batalla de Stalingrado que se prolongó desde el 23 de agosto de 1942 hasta febrero de 1943 y donde las tropas soviéticas derrotaron al enemigo nazi. Los historiadores consideran esa batalla una de las más sangrientas en la historia de la humanidad.

Sin embargo, según indicó Eduard Stehlík, los historiadores coinciden también en que uno de los primeros índices de los futuros cambios fue el atentado contra Heydrich en mayo de 1942 ya que los nazis habían ido ganando hasta entonces en todos los frentes y sectores.

Con esos cambios en los frentes en el año 1943 principalmente, algunos políticos y militares optimistas llegaron a creer que la guerra podría acabar en breve. Lamentablemente, esto se mostró erróneo y la guerra prosiguió largo tiempo todavía, señala Eduard Stehlík.

”Los checos recibieron con alegría las noticias sobre el éxito de los ejércitos de los Aliados y de los soviéticos en los frentes occidental y oriental. Inmediatamente comenzaron a intensificar sus esfuerzos y acciones contra los nazis para ayudar en la derrota de la Alemania de Hitler. Esa tarea no era fácil, en vista de la ocupación del país. Además, el territorio checo no es apto para las guerrillas, porque sus bosques y montañas no son muy extensos. Por ello la resistencia se centró en los sabotajes en las fábricas y en la ayuda a los paracaidistas, tanto del este como del oeste europeo”.

Como afirma Stehlík, en ese período y gracias principalmente a la creciente ayuda de los soviéticos, muchos checos adoptaron una postura positiva frente a la Unión Soviética, pasando por alto los fenómenos negativos relacionados con ese país.

Más tarde esa postura se mostraría como errónea, pero en ese entonces y, en vista de las negociaciones entre Moscú y los Aliados occidentales sobre la división de la Europa de posguerra, llegaba a ser evidente que sería el Ejército Soviético quien llegaría primero a liberar a Checoslovaquia de los nazis.

El levantamiento de Praga y la capitulación de Alemania

En abril de 1945 era evidente que la guerra llegaba a su fin. El 25 de ese mes entraron en contacto directo las tropas soviéticas y estadounidenses, dividiéndose a Alemania en dos partes, para ejercer en ellas su influencia después de terminada la guerra.

El 30 de abril, Hitler se suicidó en su búnker en Berlín, al darse cuenta de que todo ya estaba perdido.

En su testamento, Hitler nombró a Karl Dönitz como presidente de Alemania y a Joseph Goebbels como canciller alemán. Este último, no obstante, también se suicidó. Fue el 1 de mayo de 1945 y al día siguiente, Berlín, ciudad que se encontraba totalmente destrozada, fue entregada a las tropas soviéticas. Pero la guerra no terminaba todavía.

En los primeros días de mayo, en varias ciudades de Bohemia y Moravia, por ejemplo en Přerov, comenzaron levantamientos de la resistencia y de los habitantes contra los nazis que permanecían en el país sin poder retirarse, ya que se encontraban atrapados entre tropas del Ejército Rojo que venían desde el este y el norte y por las de Estados Unidos y los Aliados que se avecinaban desde el oeste y el sur.

El más grande levantamiento se inició en Praga, el 5 de mayo. La Radiodifusión Checa emitió entonces un llamamiento a los ciudadanos para que vinieran a defender esa estación de radio que los nazis querían ocupar y también la capital.

En un par de horas se levantó toda Praga, según afirma Eduard Stehlík.

“Los combates iniciales por la sede de la Radio se extendieron a toda la ciudad y un sinnúmero de voluntarios llegaban para defender Praga. Construían barricadas, se apoderaban de las armas de los alemanes y poco a poco iban ganando. Pero desde el sur de Praga se acercaban tropas de las SS, con buen adiestramiento y equipos de armas modernos que querían ahogar en sangre el levantamiento”.

Quizás lo hubieran logrado, pero el llamamiento de la Radio lo escucharon también los soviéticos y los Aliados occidentales que enviaron a sus tropas en ayuda a Praga.

A comienzos de mayo los norteamericanos liberaron la ciudad de Pilsen pero, en vista de unos acuerdos con Moscú sobre la línea en Europa que establecía las zonas de influencia, la liberación de Praga tuvo que ser reservada a los soviéticos, aunque a lo mejor los estadounidenses hubieran llegado antes, según suponen los historiadores.

El 7 de mayo, las tropas alemanas firmaron en Reims el acta de rendición incondicional ante los aliados y el 8 de mayo en Berlín, ante los soviéticos. Con ello terminaba oficialmente la Segunda Guerra Mundial en Europa. No obstante, los nazis no se habían rendido todavía en Praga en ese entonces.

En la madrugada del 9 de mayo las tropas soviéticas entraron en la capital checa y ayudaron a derrotar a las últimas tropas fanáticas nazis y a obligarlas a rendir las armas. La gran valentía de los participantes del levantamiento de Praga es indiscutible, afirma Eduard Stehlík.

”Unos tres mil checos fallecieron en el levantamiento de Praga que se prolongó unos cuatro días. Hay quienes dicen que esa sublevación no tenía sentido si el fin de la guerra estaba cerca, pero en aquel entonces nadie sabía cuánto tiempo se prolongaría todavía la guerra. A los muertos en el levantamiento de Praga debemos considerarlos héroes, porque aceleraron la derrota de los nazis en Bohemia en varios meses a lo mejor”.

Según Stehlík, un cierto privilegio aunque negativo de los checos fue que en este país habían comenzado los preparativos para la Segunda Guerra Mundial, con los planes de ocupación del país del Pacto de Múnich en otoño de 1938 y aquí también terminó la guerra en el continente europeo.

Oficialmente la guerra acabó en Europa el 8 de mayo de 1945, pero en Bohemia Central los combates armados contra grupos aislados del Werhmacht alemán prosiguieron hasta el 11 de mayo.

Los libros de historia mencionan que el último disparo de la Segunda Guerra Mundial en Europa tuvo lugar cerca del pueblo checo de Milín, al sur de Praga.

Pero en el Oriente, en Asia concretamente, la guerra se prolongaría todavía hasta el 2 de septiembre de 1945.

Al resumir el historiador militar Eduard Stehlík la participación de los checos en la Segunda Guerra Mundial, admitió que hubo personas que colaboraron con los nazis o que denunciaban a sus conciudadanos, pero que su número fue mínimo.

Al mismo tiempo destacó que los checos nunca formaron una unidad de las SS que ayudara a los nazis a combatir a los Aliados, a diferencia de otras naciones europeas ocupadas por Alemania, como Dinamarca, Holanda o Bélgica.

 

(Repetición del 8/5/2012)

08-05-2014