La ardua lucha de la mujer checa por su derecho a voto

29-02-2020

Hace 100 años fue aprobada la Constitución de la nueva República Checoslovaca, surgida en 1918. Este documento garantizó el derecho a voto general y en igualdad de condiciones tanto a los hombres como a las mujeres. Pero a las mujeres les costó bastante conseguir ese logro. Radio Praga Internacional ha preparado una serie dedicada a la mujer en la sociedad checa. El primer capítulo lo reservamos a la lucha de las mujeres por su derecho a voto.

Foto: Museo NacionalFoto: Museo Nacional Annie Kenney y Christabel Pankhurst, foto: Wikimedia Commons, public domainAnnie Kenney y Christabel Pankhurst, foto: Wikimedia Commons, public domain A mediados del siglo XIX en muchos países del mundo se iniciaron campañas por el derecho de la mujer a votar. La primera asamblea en apoyo a este derecho se efectuó en 1848 en Estados Unidos. Las participantes en este encuentro celebrado en Seneca Falls, en el Estado de Nueva York, proclamaron el principio de que todos los hombres y mujeres son criaturas con igualdad de derechos. Pero no fue hasta 1920 que las mujeres estadounidenses obtuvieron el derecho a votar.

El primer país del mundo que reconoció el derecho de la mujer a participar en las elecciones fue Nueva Zelanda en 1893, entonces colonia todavía del Reino Unido, seguida por Australia en 1902. A su vez, en Europa fueron Finlandia, en 1906, Noruega, en 1913 y Dinamarca, en 1915.

Las mujeres checas inician la lucha por su emancipación

Las mujeres en las Tierras Checas lucharon desde la segunda mitad del siglo XIX por sus derechos políticos y ciudadanos. Las activistas que insistían con mayor fervor en la importancia del derecho a voto para las mujeres eran Františka Plamínková y Alice Masaryková, hija del que posteriormente fuera el primer presidente de la República Checoslovaca independiente.

Františka Plamínková, foto: ČTFrantiška Plamínková, foto: ČT Pero nada era fácil entonces y menos este asunto, según dijo hace algún tiempo a la Radio Checa la historiadora Dana Musilová.

”Las mujeres en esos tiempos cuando los territorios de Bohemia y Moravia formaban parte del Imperio austrohúngaro no tenían derecho a voto y no podían participar en las elecciones al Parlamento. Pero igualmente muchos hombres no podían entregar su voto. La quinta curia, en base a la que podían votar también los obreros fue introducida en 1895 y un año más tarde también los hombres de profesiones obreras pudieron asistir a las elecciones al Parlamento. Y eso enfadó a las mujeres activistas que argumentaban que ¿cómo era posible que un hombre con nivel mínimo de educación tuviera derecho a voto, mientras que a una mujer con instrucción avanzada se le negara ese derecho”?

Mientras que en otras partes en Europa eran muy activas diversas asociaciones de mujeres que luchaban por la igualdad y el derecho a voto de la mujer, en las Tierras Checas la atención se centraba más bien en otros temas, apunta Musilová.

”Las mujeres en esos tiempos cuando los territorios de Bohemia y Moravia formaban parte del Imperio austrohúngaro no tenían derecho a voto y no podían participar en las elecciones al Parlamento.

”Es necesario decir que la atención de la sociedad checa estaba centrada en el tema nacionalista que fue clave, y esto hasta el año 1918 cuando se proclamó el Estado Checoslovaco independiente. Y, en segundo lugar, había que solucionar el problema social, la situación de los obreros. El derecho a voto era un tema que de forma regular aparecía y luego volvía a ser aplazado. Y esto vale también en cuanto al movimiento feminista. La mayoría de las asociaciones tenían carácter caritativo y se interesaban por cuestiones sociales. Entonces se necesitaba que apareciera una activista que diera un nuevo impulso a los empeños por el derecho a voto de la mujer”.

Vale decir que el tema del derecho a voto no lo consideraba prioritario todo el movimiento feminista. Más bien era un tema impulsado por los miembros más progresistas del movimiento, en primer lugar por Františka Plamínková. Y luego había una llamada élite dentro, que trataba de llevar a la práctica las ideas de las activistas progresistas. Otro factor era la politización de la sociedad, que en los años 90 del siglo XIX alcanzó su punto culminante y que influyó también en la politización del movimiento feminista.

Las asociaciones femeninas debían ser apolíticas por ley

Alice Masaryková, foto: APF: ČRoAlice Masaryková, foto: APF: ČRo De acuerdo con la ley, las asociaciones femeninas debían ser apolíticas, pero nadie podía prohibir a sus activistas que se politizaran. La politización de la vida social fue la premisa fundamental para que alguien se interesara por el tema del derecho a voto de la mujer, o sea no sólo las mujeres progresistas, sino también las demás miembros de los círculos femeninos.

En las postrimerías del siglo XIX, la lucha por el derecho a voto de las mujeres checas estuvo vinculada estrechamente con la lucha por la emancipación y el derecho a la educación al mismo nivel que los hombres. Las mujeres más activas de las asociaciones femeninas formulaban de forma racional y clara las demandas.

Las revistas femeninas querían acercar a las mujeres en el tema de la emancipación

Foto: Museo NacionalFoto: Museo Nacional Comenzaron a publicar revistas, por ejemplo la titulada ‘Diarios femeninos’, (Ženské listy) a los que contribuía entre otras la destacada escritora Eliška Krásnohorská, y en las que se criticaba el lugar reservado a la mujer dentro de la sociedad, que no le permitía ser activa en lo sociopolítico. En las revistas se publicaban artículos sobre la emancipación y la eventual participación de la mujer en la vida política. El problema fue que todo esto lo hacían mujeres que pertenecían a la clase media, pero que no conocían muy bien la situación de las mujeres obreras, según sostuvo la politóloga Jitka Gelnarová.

”Las activistas insistían en el derecho a voto y a ser electas a todos los órganos representativos. Querían que las elecciones fueran libres, generales y respetando la igualdad de género. Pero en su argumentación de estas demandas no tomaban en cuenta la situación de las mujeres obreras. Y esto no por no querer, sino porque no las conocían. Y las obreras a su vez, habrían preferido entonces que defendiera sus derechos en el Parlamento un hombre obrero que conocía su situación y problemas en vez de una mujer que nada sabía de la clase trabajadora”.

Un nuevo impulso a comienzos del siglo XX

Esto fue cambiando con el tiempo, gracias a la organización de encuentros de mujeres de diferentes capas sociales. A comienzos del siglo XX las asociaciones femeninas, en las que se fue imponiendo la joven generación, liderada por Františka Plamínková, planteaban demandas de carácter social, además del derecho a voto, deseando mejorar la situación de las mujeres obreras. Argumentaban que para lograrlo era indispensable imponer la presencia de mujeres en los órganos de dirección. Sólo así podrían luchar con mayor ímpetu por los derechos de la mujer y aliviar su situación.

“El derecho a voto era un tema que de forma regular aparecía y luego volvía a ser aplazado. Se necesitaba que apareciera una activista que diera un impulso a los empeños por el derecho a voto de la mujer”.

Esta nueva generación de mujeres insistía en la igualdad de género en el acceso a la enseñanza y en el mercado de trabajo. Y, naturalmente, también insistían en el derecho a voto general en igualdad de condiciones.

El primer proyecto de una ley con derecho a voto también para las mujeres se presentó en público en 1887 en una sesión del Consejo Municipal de Praga por el historiador, patriota y mecenas checo Vojtěch Náprstek, quien apoyaba al movimiento feminista. Su proyecto, no obstante, fue rechazado. Otra oportunidad vino en 1905, con la elaboración de una enmienda a la Ley Electoral. Fue creado el ‘Comité por el derecho a voto de la mujer’ encabezado por Františka Plamínková y en el que colaboró Alice Masaryková. Este colaboraba con todas las organizaciones y grupos femeninos sin excepción.

Palacio de Žofín, foto: Barbora NěmcováPalacio de Žofín, foto: Barbora Němcová En marzo de 1906 se efectuó una reunión femenina de protesta en el Palacio de Žofín, situado en una de las islas de río Moldava en Praga, en la que intervinieron varias activistas. Una de ellas destacó en su discurso: “No suplicamos, no mendigamos, sólo demandamos el respeto de nuestros derechos”. Pero tampoco esta vez los esfuerzos de las mujeres fueron coronados de éxito, ya que la enmienda a la Ley Electoral del Imperio austrohúngaro aprobada en 1907, tampoco incluyó el derecho a voto de la mujer. Pero cierto avance sí fue palpable, indica la historiadora Dana Musilová.

“Teniendo presente cuántos diputados checos defendían en el Consejo Imperial el derecho a voto de la mujer, podemos decir que la reacción de los hombres a los llamamientos de las asociaciones feministas fue mínima. Sin embargo, importante resultó la influencia de las actividades de las mujeres en el futuro desarrollo. Había políticos que rechazaban cualquier demanda de las mujeres, mientras que otros las apoyaban. Y luego había otro grupo, por ejemplo el movimiento agrario, que se mostraba indiferente frente a ese tema. En sus filas había mujeres, pero su electorado era mayormente conservador, del campo. Pero dentro de estos partidos comenzó un desarrollo y paulatinamente fueron dándose cuenta de que si querían contar con un mayor apoyo de la población, debían tener al menos a una mujer en los órganos representativos”.

Por primera vez la mujer checa pudo presentar su candidatura en 1908

“Las activistas insistían en el derecho a voto y a ser electas a todos los órganos representativos. Pero no tomaban en cuenta la situación de las mujeres obreras, porque no las conocían”.

En 1908 se les permitió a las mujeres checas a presentar a sus candidatas al menos a la Asamblea Nacional de Bohemia. Fueron tres las mujeres que se presentaron, pero ninguna fue elegida. Sin embargo, el alto número de votos que recibieron asombró incluso a los candidatos masculinos. Este logro fue un importante paso que convenció a las mujeres de que valía la pena luchar por sus derechos. Y la lucha continuaría.

La primera mujer electa en la Asamblea Nacional fue Božena Kunětická-Viková, en los comicios de 1912. No obstante, los diputados de sexo masculino no la dejaron entrar a la sede de esa institución. Igual así, fue una de las primeras mujeres europeas electas en un Parlamento. Su elección demostró que las mujeres podían igualarse a los hombres también en lo que respecta a la confianza del electorado.

Božena Kunětická Viková, foto: public domainBožena Kunětická Viková, foto: public domain La Primera Guerra Mundial y, en especial, el surgimiento de la República Checoslovaca independiente en octubre de 1918 dieron un nuevo impulso al proceso emancipador de las mujeres en este país, según sostiene la politóloga Jitka Gelnarová.

“La nueva república se autodefinió como progresista y democrática, como algo totalmente diferente a lo de antes. Ya antes, en el Imperio austrohúngaro los políticos checos contraponían el supuesto espíritu progresista y democrático checo a la política de opresión austrohúngara. Y en 1918 esto fue fundamental. La emancipación de la mujer debía ser una confirmación del espíritu progresista checo”.

El derecho de la mujer a voto y a ser electa vino hasta con la Constitución checoslovaca de 1920

En la nueva República Checoslovaca, la situación de las mujeres cambió totalmente y por fin alcanzaron su meta: el derecho a sufragio tanto pasivo como activo, o sea a presentarse como candidato y a votar. Ya en 1918 las mujeres, aunque en minoría equivalente al 4%, estuvieron representadas en la Asamblea Nacional Revolucionaria, constituida sin elecciones, simplemente por representantes de los diferentes partidos y movimientos políticos.

Por primera vez las mujeres de los territorios de Bohemia y Moravia pudieron votar en base a la nueva Ley de Derecho Electoral General en Igualdad de Condiciones en junio de 1919 cuando se celebraron comicios municipales. En Eslovaquia fue un poco más tarde.

El 29 de febrero de 1920 la Asamblea Nacional Revolucionaria aprobó el Documento Constitucional de la República Checoslovaca, que garantizaba el derecho a voto tanto a los hombres como a las mujeres, recalca la historiadora Musilová.

“La nueva república se autodefinió como progresista y democrática. La emancipación de la mujer debía ser una confirmación del espíritu progresista checo”.

”Fue en la Constitución de 1920, donde se definía además a partir de qué edad se podía ir a votar o presentar la candidatura, o sea que es casi idéntico a lo definido en la Constitución actual. La única diferencia es que entonces la mayoría de edad era a partir de 21 años, mientras que actualmente es a partir de los 18. Estas estipulaciones plasmadas en la Constitución checoslovaca fueron muy parecidas a las de otros países europeos que aprobaron el derecho a votar para las mujeres”.

Las primeras elecciones al Parlamento de la República Checoslovaca se celebraron ese mismo año. En ellas las mujeres pudieron participar ya de forma plenamente legítima, tanto en el sufragio pasivo como en el activo.

En muchos otros países las mujeres adquirieron el derecho a votar después de la Segunda Guerra Mundial. En 1945 sucedió así por ejemplo en Italia, Francia y Japón. Los primeros países de América Latina en reconocer este derecho fueron Uruguay, en 1927, y Ecuador, en 1929. En Argentina, a su vez, este derecho fue aprobado en 1946, gracias a Evita Perón. El último país en reconocer el derecho de la mujer a votar fue Arabia Saudita, en el año 2011.

Foto: Martin Pokorný, ČRoFoto: Martin Pokorný, ČRo
29-02-2020