"Aunque me han asaltado dos veces en Praga, es más segura que Ciudad de México"

07-11-2007

Omar Rojas es un baterista profesional mexicano que acaba de cumplir la redonda edad de los 30 y se siente bien en Praga, ciudad que le permite estar muy activo en el ámbito musical, con tocatas frecuentes en diversos clubes, aunque arrastra una tristeza indeleble por un reciente desengaño amoroso con una checa con la que convivió más de tres años.

Hola, Omar, bienvenido al programa.

"Hola, qué tal".

¿Por qué llegaste a Praga a vivir?

"Fue algo mágico para mí, no me esperaba venir a la República Checa. Trabajando en Puerto Escondido, en Oaxaca, estaba tocando con unos amigos, con la banda que suelo tocar, y llegó un eslovaco al bar donde tocábamos. Pero pasó algo muy chistoso. Nosotros tocábamos con amplificadores de pilas, baterías, porque no teníamos electricidad. Se fue la luz en toda la playa y sólo nosotros seguíamos haciendo música, gracias a las pilas que usábamos. Este amigo eslovaco se soprendió por ese hecho y dijo: 'Estos chavos tienen una magia y los voy a invitar a la República Checa a hacer un tour'. Y así fue".

¿A él le gustó el trabajo de ustedes y los invitó a Praga con todos los gastos pagados?

"Todo, todo, así fue. Sin ningún CD de promoción, sin ninguna revista, sin my space, sin nada, nada. A él le gustó la vibración de la gente y nos invitó, afortunadamente, dos veces. Nos invitó porque él trabajaba en una compañía de cigarros, aunque era productor también".

Entonces se puede decir que llegaste a Praga por buena suerte.

"Eso fue, fue suerte, un golpe de suerte. Nos alquilaron una casa en el barrio de Andel. Estuvimos ahí por cinco días, ese era el pacto, pero nos gustó tanto y a la gente le gustó tanto, tuvo tanto éxito la banda que decidimos quedarnos por tres meses cuando teníamos que quedarnos sólo una semana".

¿Esa banda ya no existe?

"Sí, existe, se llama Pablo's Magic Karpet y todavía toco con ellos, seguimos tres de nosotros en Praga y de vez en cuando vienen dos más desde México".

¿Te dieron ganas de volver, te quedó gustando Praga?

"Sí, sí. Después de esos tres meses volví a México y me quedé muy triste tras ver toda la magia que había aquí, me quedé impactado, te lo juro que lloraba en mi cuarto en el D.F. Me arrepentí, por qué me regresé, por qué me regresé, allá estaba bien, me lamentaba. Porque hay trabajo, hay trabajo y había muchos conciertos y extrañé muchísimo eso. Afortunadamente llegó otra invitación y volvieron a traer a la banda".

Y qué pasó entonces. ¿Te fuiste quedando y todavía sigues aquí?

"No, yo en México decidí que si voy de nuevo a la República Checa, me quedo allá, porque estuve siete meses en México y no pude quedarme ahí. México estaba muy aburrido y como la ciudad es grande, no tenía muchas posibilidades de hacer algo interesante, así que me dije, si vuelvo a pisar Praga, lo juro que me quedo. Dicho y hecho".

¿Cuánto tiempo llevas ya en Praga?

"Tres años y ocho meses sin ir a México".

¿Cuál es el balance que haces?

"La verdad que es la experiencia más que otra cosa, porque dinero aquí no he hecho mucho. Y también encontré un amor aquí y por ese amor me quedé y en el camino fui encontrando otros proyectos de música, me ofrecieron trabajar con otras cuatro bandas, y por eso también me quedé".

¿Se puede decir que has vivido exclusivamente de la música todo este tiempo?

"Siempre. Yo soy baterista profesional".

¿Qué estilo de música tocas?

"Toco todos los estilos, pero lo que más me gusta es el funk, el rap, hip hop, reggae y samba, ritmos brasileños".

¿Los ritmos latinos tienen mucho éxito acá?

"Sí. Hay un auge, especialmente cubano".

¿Qué opinas de la escena musical checa?

"Depende de qué es lo que te gusta. Si te gusta el jazz, hay cinco o siete lugares para escuchar. Si te gusta el reggae, hay tres lugares. Si te gusta el drum and bass hay muchos undergrounds en los que te puedes pasar un buen rato escuchando DJs como un amigo que tengo, que se llama Jonathan, y así vas buscando hasta que encuentras más lugares".

Es decir, Praga está bien en ese sentido, comparada con Ciudad de México.

"En México también pasan muchas cosas, la verdad. Pero la oportunidad que yo tengo siendo mexicano en Praga, tengo un poco más de exposición, porque en M"xico soy uno más entre millones de mexicanos. Aquí soy uno entre 300, tal vez, a lo mucho, que esa es la comunidad que yo conozco de mexicanos".

¿Qué cosas te gustan de vivir en Praga?

"La verdad, la verdad, el estilo de vida, la seguridad que puedo tener en este lugar, a pesar de que ya llevo dos asaltos por no haberme fijado bien con quien estaba, de inconsciente".

¿Comparado con México, Praga es más segura?

Rojas "Claro, yo puedo caminar con toda confianza por las calles y no tengo ninguna paranoia de que me están siguiendo o que alguien me quiere pegar. Jamás, jamás. Al contrario, creo que por el físico que yo tengo no se meten conmigo para nada. Parece que también soy parte de esos muchachos que hacen daño, pero no, al contrario, no hago daño".

¿Qué tal te va con el idioma checo?

"Hasta ahora difícil, pero poco a poco sigo intentando. Cada día aprendo cinco palabras nuevas o cómo declinar alguna oración. Me gusta el checo, es un reto y ahí estoy, continúo aprendiendo".

¿Qué opinas de la mujer checa?

"Sin comentarios".

¿Y la cerveza?

"Riquísima (ríe). No, te voy a decir acerca de una mujer checa que fue mi pareja durante casi tres años y ocho meses, pero la situación no funcionó a la manera checa. Ella quería adaptarme y yo no pude. Me pedía algo que yo no podía darle, que era seguridad económica. Yo soy muy libre con eso, porque soy baterista y no tengo un trabajo extra para poder ganar más dinero. Pero ella desperdició su oportunidad, entonces habrá otra que quiera estar conmigo, espero".

Muchas gracias, Omar, y éxito en tu carrera.

"Gracias a ti y un saludo a todos los que escuchan, hasta pronto".

07-11-2007