Cualquier mala democracia es mejor que cualquier totalitarismo perfecto

22-12-2004

Rodrigo Morales, nació en La Paz, Bolivia, y lleva en la República Checa unos 20 años. En 1989, vivió el derrumbamiento del régimen comunista en Checoslovaquia y la transición a la democracia. ¿Qué ha cambiado desde aquél entonces, según su opinión, y cómo es la situación actual de este país? Lo sabremos a continuación.

Rodrigo, tú llegaste bajo el régimen comunista, ¿cómo te acuerdas de aquella época?

"Yo pienso que ha habido un cambio brutal, porque cuando llegué a Checoslovaquia en aquél entonces, ya desde los primeros días la gente aquí se quejaba, me decían: 'Si nosotros no podemos viajar al extranjero, por qué necesitamos un permiso especial del banco para que nos den las divisas y para ello tenemos que cumplir una serie de requisitos, necesitamos un sello del trabajo, otro del Partido Comunista, un sello de aquí, un sello de allá'. Por otra parte, hay cosas que no se puede negar que eran más divertidas, en esa época la cerveza costaba 2,50 coronas. La llegada del capitalismo ha traído la agudización de ciertos problemas como el desempleo y el confrontar realidades muy duras, la solidaridad que hay que dar a los refugiados, por ejemplo. Antes no había tantos en el país. Bueno son muchos años y muy pocos minutos para poder expresar de alguna manera cuáles son las diferencias. La diferencia fundamental es que en todo caso es mejor cualquer mala democracia que cualquier totalitarismo perfecto".

Hace 15 años que se produjo la Revolución de Terciopelo, ¿qué es lo que podía hacerse mejor, cuáles fueron los logros y qué es lo que crees que no se ha logrado llevar a cabo?

La Revolución de Terciopelo en Praga, foto: CTKLa Revolución de Terciopelo en Praga, foto: CTK "Creo que vamos muy rápido a Europa. No digo que está mal que vayamos a Europa. Eso está muy bien, pero pienso que más tiempo, para ver cómo hacer los cambios y la adaptación de nuestro país a la Europa integrada, nos hubiera dado mayores posibilidades. Cualquiera puede criticar, ya que como dicen los checos: Todos somos generales después de la guerra. Pienso que en la República Checa el cambio negativo es, sobre todo, el alto nivel de consumismo. En este país hay mucha gente que parece haberse olvidado de los principios de los valores humanos del alma y pasan todo el tiempo preocupados por cuanto dinero van a ganar para ver que van a poder comprarse. Me parece como si la gente en cierta manera se deshumanizara precisamente por vivir pensando tan sólo en valores materiales".

Dejando de lado el consumismo, tú, que llevas en la República Checa tanto tiempo, ¿cómo caracterizarías a los checos? Qué es lo que te gusta o no te gusta en ellos?

"Me gusta que sea un pueblo muy trabajador que, a pesar de haber estado bajo diferentes opresiones, el Imperio Austro-Húngaro, la ocupación de los nazis, bajo la influencia del área soviética... Y a pesar de que vive conmocionado en medio de lo que es EE.UU. y la UE y es un pequeño país que parece que fuera insignificante, la mayor parte de la gente aquí es muy trabajadora, muy ingeniosa y hábil. A veces es difícil acercarte al corazón de los checos, porque tardas mucho tiempo en hacerte amigos, pero en el momento en que lo logras, cambia todo radicalmente. Pareciera que los checos fueran fríos, pero no lo son. Pienso que es más bien un ritmo de ir conociendo a la gente un poco distinto al de la América Latina, donde te invitan a su casa a cenar inmediatamente el mismo día que te conoces con alguien, pero cuando tú obtienes la amistad de alguien es realmente una amistad que vale la pena. Y por supuesto, si vemos las cosas un poco con los ojos del 'macho latino', pues las mujeres de aquí son preciosas y la cerveza es riquísima".

¿Piensas quedarte aquí para siempre?

"Pienso que mi alma está tan compenetrada con la República Checa que aunque yo estuviera en el desierto del Gobi, seguiría estando en la República Checa".

En esta edición de Hola, ¿cómo estás? conversamos sobre la vida en la República Checa con Rodrigo Morales.

22-12-2004