De Volynia a Bohemia - El largo camino a casa

04-06-2005

La historia de una persona refleja a veces la historia de todo un pueblo. Faltaron milímetros para que una bala de metralleta de un francotirador alemán acabara hace 60 años con la vida de Bedrich Opocenský. Sus abuelos habían partido en los años sesenta del siglo XIX de su Bohemia natal para la Rusia zarista en búsqueda de una existencia mejor. Bedrich Opocenský nació en 1924 en Volynia. Allí durante la Segunda Guerra Mundial ingresó en la unidad checoslovaca integrada al Ejército Rojo, con la que en primavera de 1945 llegó hasta Praga. Acabada la Guerra se quedó en Checoslovaquia y hoy en día vive cerca de Litomerice, en Bohemia del Norte.

Bedrich OpocenskýBedrich Opocenský Diecisiete veces cambió el régimen en Volynia desde que en 1860 se instalara en esa región de Rusia la minoría checa. Bedrich Opocenský nació en la parte occidental de Volynia, que la Unión Soviética tuvo que ceder a Polonia después de la Primera Guerra Mundial, en 1918. Al estallar la Segunda Guerra Mundial el número de los checos en Volynia llegaba a 40 mil, explica Bedrich Opocenský.

"Después de que Stalin y Hitler acordaran la división de Polonia, el Ejército Rojo ocupó el 17 de septiembre de 1939 la Volynia Occidental. El río Buk determinaba la frontera. De repente nos encontrábamos en la Unión Soviética. Los soviéticos se vengaron primero en los polacos, que les habían propinado una derrota durante la Primera Guerra Mundial. Después de 1918 se habían establecido en Volynia legionarios polacos que recibieron del gobierno polaco granjas y otras posesiones por haber ayudado a expulsar a los soviéticos. En 1939 el gobierno soviético transportó a estos polacos a los gulags en Siberia. En Katyn fueron masacrados varios miles de oficiales polacos, ya que una gran parte del Ejército polaco buscaba refugio en la URSS al huir ante Hitler. Pero los soviéticos en vez de ayudarles, los internaban".

El 22 de junio de 1941 la Alemania nazi atacó la Unión Soviética, avanzando rápidamente hacia el interior del país y ocupando extensos territorios, incluyendo Volynia. Las cosas volvieron a cambiar en marzo de 1944, cuando Volynia fue liberada por el Ejército Rojo.

"Nos hacíamos reclutar masivamente para la unidad checoslovaca. De los 40 mil fuimos 12 mil hombres y 600 mujeres. De nuestra familia nos apuntamos los tres hermanos. En Volynia había también muchos ex soldados, oficiales y pilotos del Ejército checoslovaco que huyeron del Protectorado de Bohemia y Moravia en 1939. Vivían en nuestras casas, y con su ayuda fundamos el grupo ilegal de resistencia Blaník en el que nos preparábamos para ingresar en la unidad checoslovaca, que se estaba formando en Buzuluk".

La comisión de reclutamiento se encontraba en la ciudad de Rovno, recuerda Bedrich Opocenský.

"Nos preguntaron si estábamos sanos. Miraban si uno tenía brazos y piernas, y es todo. En caso de dudas, le hacían a uno un control médico. A algunos les enviaron a casa, pero fueron muy pocos. Lo peor era que se presentaban jóvenes de 16 o 17 años que se hacían mayores para poder quedarse en el Ejército. Ansiábamos regresar a la patria. Conservábamos nuestro idioma y nuestra religión. En Volynia teníamos escuelas checas y asociaciones de educación física checa, "Sokol", cuyos miembros participaban en las grandes reuniones y actuaciones de esta organización en Praga. Sabíamos que en aquel entonces Checoslovaquia florecía".

El camino de regreso al país no fue fácil. Bedrich Opocenský se integró al batallón de tanques, que luego, durante la liberación de Eslovaquia, se transformó en la Primera Brigada Independiente de Carros de Combate Checoslovaca después de ser reforzada con voluntarios eslovacos. Bedrich Opocenský sobrevivió a los sangrientos combates por el desfiladero de Dukla en la frontera eslovaco-polaca en otoño de 1944. En enero de 1945 la Brigada Checoslovaca fue enviada a Polonia, por cuyo territorio avanzaba victoriosamente el Frente Ucraniano del Ejército Rojo acercándose a la frontera de Silesia.

"Los polacos nos daban entusiasmados la bienvenida porque nos consideraban como suyos. Siempre decían ´Nasi przijechali´ - ´Los nuestros han llegado´, porque se nos diferenciaba del Ejército Rojo. Además, nuestra gran ventaja consistía en que nos entendíamos en polaco".

En Polonia Bedrich Opocenský perdió en combates con el enemigo nazi su primer tanque.

"Una parte de la dotación se fue con el tanque dañado, y a mí me incorporaron enseguida a otro, así se hacía. Nos faltaban ante todo comandantes, ya que éstos eran los más vulnerables. El reglamento ordenaba cerrar el tanque y permanecer dentro como en un ataúd de hierro. Pero ello nos era muy difícil, así que asomábamos hacia afuera para ver directamente lo que pasaba y dirigir nuestros disparos".

De los 65 tanques que constituían la Primera Brigada Independiente de Carros de Combate Checoslovaca tan sólo 8 lograron alcanzar y participar en la liberación de Ostrava, el último bastión industrial de los nazis, situado en Moravia del Norte. Bedrich Opocenský y sus hombres figuraban entre los que lo consiguieron.

La firma de la capitulación por la Alemania nazi, el 8 de mayo de 1945, halló a Bedrich Opocenský en Fulnek, a unos 30 kilómetros al sudoeste de Ostrava.

"Nos alcanzó en un todoterreno estadounidense nuestro comandante checoslovaco, Janko. Me eligió a mí, diciéndome que cogiera una metralleta y granadas y subiera a su coche para servirle de guardaespaldas. Nos dirigimos a Praga, cuyo llamamiento de ayuda habíamos escuchado por la radio".

Los caminos estaban llenos de prisioneros alemanes que eran llevados hacia el Este. Los soldados checoslovacos llegaron hasta la ciudad de Moravská Trebová, donde pasaron la noche en la empresa textil local.

"Por la mañana encontramos en el garaje un camión Tatra. El comandante lo había confiscado automáticamente. Repostamos, Janko se sentó al volante, nosotros detrás de él y continuamos. Ese día nos encontramos en Golcuv Jeníkov, ya cerca de Praga, con una columna alemana, ocho camiones que se dirigían todavía al frente del Oeste. Nos encontramos en un cruce que tenía la forma de una i griega. Nosotros, al igual que los alemanes, bajamos de los vehículos. El comandante alemán, era un señor mayor, discutía con Janko, quien le explicaba que había sido firmada la capitulación y que ya no valía la pena luchar y matarse. El alemán no quería creérselo, insistiendo en que tenía sus órdenes. Nos rodeó la gente del lugar. En el cruce se encontraba una taberna, y de repente se le ocurrió a alguien colocar en la ventana una radio y poner una estación alemana. Tan sólo después de escuchar la noticia sobre la capitulación por la radio, el comandante alemán nos creyó. Hizo el saludo militar, se quitó la gorra y el cinturón, y me los entregó junto con su arma, ordenando a sus soldados rendirse".

La Segunda Guerra Mundial terminó para Bedrich Opocenský el diez de mayo de 1945, después de que aún ayudara a los insurrectos praguenses a combatir contra las últimas tropas resistentes de SS.

Tras la Guerra Bedrich Opocenský se quedó junto con muchos otros soldados checos de Volynia en Checoslovaquia, solicitando al gobierno la ciudadanía checoslovaca para él y su familia. Praga dirigió una solicitud de repatriación de ciudadanos checoslovacos de Volynia al gobierno soviético, que fue aceptada.

"Se crearon comisiones de repatriación bilaterales, que evaluaron nuestros bienes: bienes inmuebles, ganado, etc., con excepción de las tierras. Los soviéticos nos pagaron algo en efectivo, para el resto extendieron recibos bancarios rusos o giros de cambio sobre el banco checoslovaco".

El traslado de las familias de Volynia se realizó a los dos años de terminada la Segunda Guerra Mundial. Entre tanto Bedrich Opocenský se instaló en la región de los Sudetes, en las cercanías de la ciudad de Litomerice, en Bohemia del Norte.

"Los comienzos eran difíciles. Faltaba mano de obra. De los muchachos de Volynia que empezaron a cultivar la tierra el Estado exigía suministros de trigo según las cuotas prescritas. Ellos estaban solos, así que al final aceptaban con agrado la ayuda de familias alemanas que vivían allí. Luego los sudetoalemanes fueron expulsados de Checoslovaquia. No fue culpa nuestra, lo acordaron los gobiernos. Nos hicimos amigos con muchos de aquellos alemanes, nos visitábamos después de su expulsión y nos seguimos visitando".

La rueda de la Historia volvió a poner en movimiento a otros destinos humanos, pero el camino de Bedrich Opocenský había terminado. Había regresado a casa.

04-06-2005