La vida de los niños checos en tiempos remotos

10-12-2016

La infancia en el pasado no era sólo entretenimiento. El papel de los niños en tiempos lejanos será el tema de la nueva edición de 'Legados del Pasado, Testimonios del Presente'.

Del 'Código Maness', fuente: Universidad de HeidelbergDel 'Código Maness', fuente: Universidad de Heidelberg Un adulto pequeño. Así se miraba a los niños en la época medieval. Nada más aprender a caminar, las criaturas ya participaban en las tareas cotidianas de los adultos. Con tres años de edad, acompañaban a sus hermanos mayores de pastoreo o ayudaban a sus padres a recoger la cosecha. Al cumplir los siete, se integraban por completo en el proceso laboral, según señaló para la Radiodifusión Checa la historiadora Dana Dvořáčková.

“La mayoría de los niños de las clases sociales bajas participaban en los oficios que desempeñaban sus familias. Esta tendencia permaneció hasta el siglo XIX”. A pesar de esta elevada cantidad de tareas, los niños también jugaban. Entre los juguetes más corrientes se hallaban figuritas de soldados, trompas e imitaciones de armas que los niños o sus padres tallaban en madera. Para entretenerse no siempre necesitaban juguetes. Cantos, rimas de sorteo, juegos al escondite o al pilla-pilla eran sus frecuentes pasatiempos.

Hijos de nobles y reyes

Dana Dvořáčková, foto: Noemi Fingerlandová, ČRoDana Dvořáčková, foto: Noemi Fingerlandová, ČRo La infancia de los niños procedentes de las familias aristocráticas también estaba cargada de obligaciones vinculadas con la preparación para su futura labor. Las recomendaciones y consejos acerca de su cuidado y educación desde la edad más temprana han quedado documentados en los textos conocidos como 'Espejos de Príncipes' ('Knížecí zrcadla'), apunta Dvořáčková.

“Se recomienda, por ejemplo, la duración de lactancia, hay consejos como la necesidad de que pasen tiempo al aire libre o que se escuchen historias motivadoras y educativas. La educación finalizaba más o menos a los siete años de edad, cuando los caminos de los niños y niñas tomaban rumbos diferentes”.

Del 'Código Maness', fuente: Universidad de HeidelbergDel 'Código Maness', fuente: Universidad de HeidelbergLa educación de los futuros herederos al trono se centraba en el entrenamiento de sus habilidades físicas, como la caballería, el manejo de armas y la caza, además de la adquisición de conocimientos intelectuales, diplomáticos y el aprendizaje de idiomas. Los herederos al trono solían ser coronados a una edad temprana, a fin de que quede certificado el poder de su linaje y se evitaran amenazas de sus rivales políticos. Una vez coronados, los jóvenes aristocráticos se veían obligados a tomar parte en negociaciones diplomáticas y otros asuntos políticos del Estado.

Por su parte, las muchachas escogían por lo general entre dos opciones de hacia dónde dirigir sus vidas, apunta Dvořáčková.

“La mujer ideal debía cumplir con el papel de una buena esposa que se ocupara del hogar. En caso de las esposas de los monarcas se consideraba importante que dieran a luz al heredero al trono y que representaran a la corte. Era una forma de realizarse en la vida. Otra opción era convertirse en monja, vivir en un monasterio y llevar una vida orientada espiritualmente”.

La llegada de la educación obligatoria

El fenómeno de la infancia empezó a formar parte de la investigación de los historiadores en la época de la Ilustración, que llegó en el siglo XVIII, según apuntó para la Radiodifusión Checa la historiadora Milena Lenderová, de la Universidad de Pardubice.

Del 'Código Maness', fuente: Universidad de HeidelbergDel 'Código Maness', fuente: Universidad de Heidelberg“Una parte del pensamiento de la Ilustración se basó en el poblacionismo, es decir, el Estado era consciente de que había que cuidar de sus ciudadanos, ya que son ellos quienes pagan los impuestos o desempeñan el cargo de soldados. Este pensamiento incluía también a las mujeres, quienes daban a luz a los futuros tributarios y soldados”.

Se empezó a hacer hincapié en la educación. Uno de los pioneros de la pedagogía en las Tierras Checas era el humanista Jan Amos Komenský, que proclamaba una enseñanza bajo el lema “la Escuela a través de Juego”. Las ideas educativas, publicadas en su obra más conocida, 'Didáctica Magna', le ganaron fama a lo largo del Viejo Continente. El Padre de la Didáctica escribió varios libros de texto, acompañados de ilustraciones para un entendimiento más fácil, e inventó también una original forma de enseñanza de idiomas.

Milena Lenderová, foto: Jan Ptáček, ČRoMilena Lenderová, foto: Jan Ptáček, ČRo Un gran cambio en la vida de los niños llegó en el siglo XVIII con la reforma de la emperatriz María Teresa de Habsburgo, que instauró la escolaridad obligatoria para todos, sin diferencia de género o estatuto social. Los niños se veían obligados a asistir a la escuela a partir de los seis años de edad, apunta Lenderová.

“Las clases se daban seis días a la semana. Los miércoles solían ser más cortas. En la mayoría de los casos no era posible construir escuelas, así que se enseñaba en cualquier edificio adecuado para dicho fin”.

La lectura, la escritura, las matemáticas y el catecismo eran las asignaturas obligatorias. La lengua de la enseñanza era el checo, pese al esfuerzo del emperador José II de Habsburgo, que propuso una enseñanza en alemán para todo el Imperio Austrohúngaro. Esta tendencia se mostró inaceptable. Con el fin de la enseñanza obligatoria se terminaba también la infancia, apunta Lenderová.

“Terminaba a los 12 años de edad. Aunque los muchachos podían seguir con los estudios en un instituto, se les consideraba adultos. No obstante, la pedagogía de la Ilustración reconocía el periodo de la adolescencia, una época de maduración, que se prolongaba hasta los 18 años. La adolescencia masculina había sido descubierta antes, los muchachos tenían más tiempo para los estudios. Por su parte, las muchachas empezaban ayudar en casa a los 12 años, preparaban el ajuar o entraban en servicio”.

Un cambio respecto al estatuto de los más pequeños, su protección especial y sus derechos específicos llegó en 1924 con la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño, que fue adoptada por la Sociedad de Naciones, antecesora de la Organización de Naciones Unidas.

10-12-2016