Leyendas sobre los castillos cercanos del río Berounka

05-03-2005

En la presente edición de "Legados del pasado - testimonio del presente", centramos nuestra atención en el río Berounka y los castillos situados a sus orillas. A muchos de ellos se vinculan leyendas pintorescas.

Berounka, foto: Miloš TurekBerounka, foto: Miloš Turek El río de Berounka destaca por una peculiaridad. Como río no tiene nacimiento propio. Se forma cerca de la ciudad de Pilsen, Bohemia Occidental, por una confluencia de cuatro ríos. Luego serpentea por valles y llanos hasta la capital de Praga, donde desemboca en el río Vltava.

El paisaje circundante de su curso es de gran belleza. Por ello, no es de extrañar que ya en la edad media los soberanos checos mandaron edificar en esa región sus sedes fortificadas. Las rocas de las orillas los protegían y los bosques les ofrecían innumerables oportunidades para la caza.

Tetín, foto: Adriana KrobováTetín, foto: Adriana Krobová Comencemos por el castillo más antiguo, cuyos orígenes se remontan a los albores de la Historia checa. Su nombre es Tetín y la leyenda dice que el primer castillo construído en ese lugar pertenecía a Tetka, la hermana de la legendaria princesa checa Libuse.

Otra figura histórica importante tenía el castillo a principios del siglo X. Fue Ludmila, abuela del principal patrón checo, San Venceslao. Ella educó al pequeño Venceslao sembrando en él las ideas del cristianismo. Por ello, cayó en desgracia ante la madre de Venceslao, Drahomíra que todavía adoraba a dioses paganos, y se recluyó en el castillo de Tetín, en las afueras de Praga.

Asesinato de LudmilaAsesinato de Ludmila Sin embargo, la influencia de Ludmila no disminuyó, lo que llevó a Drahomíra a un acto repugnante. Ordenó a sus mercenarios vikingos que fueran al castillo de Tetín y asesinaran a Ludmila. Dos de ellos encontraron a su víctima rezando, se abalanzaron sobre ella y la estrangularon con su propio velo. Ludmila fue al poco tiempo canonizada y suele ser representada sosteniendo el velo en su mano, como atributo de mártir.

Ahora abandonamos los vagos inicios de la Historia checa y pasamos, sin transcisión, a la época de mayor auge del Reino Checo. Fue bajo el reinado de Carlos IV, según se piensa, el mejor monarca que los checos tuvieron. Además del título de rey checo, llegó a ser también el emperador germano-romano.

Castillo de KarlstejnCastillo de Karlstejn Carlos IV fue un hombre muy piadoso que reunía reliquias y restos mortales de los santos. Para guardar esas reliquias y también las joyas de la coronación mandó edificar el castillo de Karlstejn, Piedra de Carlos en español, que se convirtió en la mayor joyera del reino. El emperador eligió el sitio en cuyos alrededores solía entretenerse cazando.

En la mayor torre del castillo fue construida la capilla de la Santa Cruz. Este recinto que por sus decorados asombra hasta el presente, fue el lugar más santo de todo el castillo. Aquí el emperador meditaba y nadie podía molestarle. A la torre fue prohibido el acceso a las mujeres que según la leyenda se extendió a todo el castillo.

Capilla de la Santa Cruz, foto: Lucie ZemanováCapilla de la Santa Cruz, foto: Lucie Zemanová Otra leyenda dice que en los profundos bosques situados debajo de Karlstejn residían dos diablos que acechaban cerca del camino que serpenteba entre las rocas. Aquí atracaban a los viajeros y vivían del botín pillado. El emperador Carlos IV hizo correr la voz de que recompensaría a quien ahuyentase a los diablos. Sin embargo, ningún caballero osaba entrar en lucha con esos seres del infierno. Al final apareció un joven campesino que declaró que mataría a los diablos y pidió al alcalde de Karlstejn dos caballos y dos sacos llenos de guisantes. El alcalde se sorprendió, pero proporcionó al joven lo pedido. El campesino saló los guisantes, cargó los sacos sobre los caballos y se fue al bosque. Cerca de la morada de los diablos, el joven dejó que se adelantara el caballo cargado con los sacos de guisantes y él mismo se ocultó en otro saco vacío y siguió montando el primer caballo.

Los diablos olfatearon la presa, cogieron el caballo, lo descargaron y abrieron los sacos. Luego probaron los guisantes y como les gustaron, los comieron. Mientras tanto, el campesino montado en el otro caballo logró escapar. Después de comer todos los guisantes, los diablos tuvieron una sed enorme. Corrieron, por ello, al arroyo más cercano y bebieron ávidamente.

Pero, al levantarse, sintieron un dolor tremendo del estómago. Se desplomaron, retorciéndose y chillando de dolor. Los guisantes se hincharon en sus vientres de tal manera que ambos diablos expiraron a la vez. Cuando el campesino volvió al lugar del suceso, encontró allí al caballo y a dos diablos muertos. Por su hazaña el joven campesino fue obsequiado y elevado al rango de paje del castillo de Karlstejn.

El castillo de Karlstejn fue también escenario de una tragedia horripilante. El rey Venceslao IV no alcanzó la grandeza de su padre Carlos IV y prefería el ocio a la política del reino. Como era un gran cazador, estaba acostumbrado a dormir en la misma habitación con sus perros sabuesos.

Una noche, su esposa Juana de Bavaria tuvo un sueño inquietante y se despertó de improviso asustando a unos de los perros que arremetió contra la reina desgarrándole la garganta. La conmoción del rey Venceslao fue tal que ni siquiera asistió al funeral de su esposa.

Castillo de Krivoklát, foto: Martina BíláCastillo de Krivoklát, foto: Martina Bílá Ahora subimos río arriba hasta llegar al otro de los famosos castillos. Se llama Krivoklát y su nombre se deriva de la palabra checa "krivý" o sea retorcido. La denominación se debe a los arbustos retorcidos que crecían en abundancia en el lugar en que fue fundado el castillo. Los reyes checos mandaron edificar Krivoklát en el siglo XII como palacete de caza. Su mayor florecimiento lo vivió el castillo en los siglos XIV y XV bajo el reinado de Carlos IV y sobre todo de su hijo Venceslao IV, gran aficionado a la cacería.

Carlos IV tuvo cuatro esposas y, a la primera, la princesa de Francia, Blanca de Valois, se halla una leyenda que se sitúa en el castillo de Krivoklát. La joven princesa se sentía triste en país extranjero y el soberano para alegrarla, mandó atrapar ruiseñores y soltarlos cerca de Krivoklát. Los pájaros anidaron en los arbustos a lo largo del camino y la princesa pudo gozar de sus trinos. El camino se llamó desde entonces "Sendero de los ruiseñores".

Foto: Marek Szczepanek / Creative Commons 3.0 UnportedFoto: Marek Szczepanek / Creative Commons 3.0 Unported La segunda leyenda sobre el castillo es de una fecha mucho más reciente y se relaciona con un guía de Krivoklát que desempeñó su labor muchos años y fue muy popular entre los visitantes. Un día, acabadas las visitas, el guía acompañado por su gran perro recorrió una vez más el castillo, verificando si todo está en orden. En uno de los aposentos, su perro, que en otras ocasiones manifestó ser un guardia valiente, comenzó a aullar lastimosamente de miedo. El guía sintió que algo le acarició la cara, sin embargo, no logró saber qué o quién era. Pero enseguida recordó una leyenda según la cual los espíritus benignos que velan por el castillo, suelen recompensar a las personas que dedican atención al castillo apreciando de este modo su empeño.

Krakovec, photo: CzechTourismKrakovec, photo: CzechTourism La última parada en nuestro recorrido por los castillos cercanos al río Berounka la hacemos todavía más lejos corriente arriba. Aquí sobre un promontorio se eleva el castillo Krakovec. Sus orígenes datan de los primeros siglos de la Historia checa. La leyenda dice que fue fundado por el mítico Krok; un príncipe y juez que según algunos fue incluso un druida. Del nombre Krok viene también la denominación de Krakovec. Este castillo fue el último lugar donde se detuvo el maestro Juan Hus, reformador religioso, antes de dirigirse en 1415 a Constanza en la Alemania actual. Allí le esperaba un trágico fin en las llamas de la hoguera, al ser condenado como hereje. Su muerte desencadenó el movimiento de los husitas, sus seguidores, que cambió el destino del reino checo, al finalizar con ello la "época de oro" que había vivido bajo el reinado de Carlos IV.

05-03-2005