Los cinco presidentes comunistas de Checoslovaquia

12-04-2003

El historiador Jirí Pernes ha reunido en un volumen biografías paralelas de los cinco presidentes comunistas de Checoslovaquia que gobernaron el país desde 1948 hasta la Revolución de Terciopelo de 1989. En el libro "Tales eran nuestros gobernantes" los destinos de los protagonistas se entrelazan e influyen mutuamente. Ello permite poner en evidencia muchos aspectos que de otra manera escaparían al lector. Por ejemplo, los futuros presidentes comunistas Klement Gottwald y Ludvík Svoboda combatieron durante la Primera Guerra Mundial en bandos contrarios: Gottwald como ambicioso cabo del Ejército austro-húngaro, y Svoboda como oficial de las Legiones checoslovacas que se formaron en el extranjero con el fin de contribuir al derrocamiento de los Habsburgo.

Klement GottwaldKlement Gottwald ¿Cómo eran entonces los presidentes comunistas de Checoslovaquia según el historiador Jirí Pernes?

Klement Gottwald fue un excelente estratega político que sabía escoger por intuición los mejores medios para derrotar a sus adversarios. Según Pernes, la personalidad de Gottwald se formó a partir de su experiencia de niño indeseado que conoció la miseria y el duro trabajo. Gottwald era hijo natural de una criada y de un labrador abastado.

Klement Gottwald con su nieta, foto: ÈTKKlement Gottwald con su nieta, foto: ÈTK De los cinco presidentes comunistas de Checoslovaquia fue el que poseía la menor dosis de idealismo político. Lo que buscaba era una existencia cómoda y asegurada. Ya que no la había encontrado ni en un oficio (Gottwald había sido aprendiz de ebanista) ni con el uniforme, apostó por la carrera política en un partido extremista. Gottwald era realista y consciente del poder del Kremlin al que se sometió siempre de manera incondicional.

El segundo presidente comunista de Checoslovaquia, Antonín Zápotocký...

Según el historiador Jirí Pernes quizá fuera el personaje más contradictorio entre los jefes de Estado comunistas de Checoslovaquia. Un fanático intolerante para quien estaba en primer lugar el interés del partido.

Zápotocký intervino personalmente en la detención del secretario general del PC de Checoslovaquia, Rudolf Slánský, y posteriormente ordenó la ejecución de personas de cuya inocencia estaba enterado.

Mientras que Gottwald firmaba sentencias de muerte por temor a ser conducido al patíbulo en lugar de los reos, Zápotocký ya no debía temer a Stalin ya que el dictador soviético falleció en marzo de 1953 antes de que Zápotocký tomara posesión del cargo presidencial. A pesar de ello, Zápotocký siguió enviando a personas al patíbulo y a la cárcel por actos que no habían cometido.

Por otro lado, Antonín Zápotocký pretendía la aureola de presidente popular a quien era posible encontrar en la calle, y también de un amante del arte.

El presidente Antonín Novotný... Según Jirí Pernes fue injustamente demonizado. El autor polemiza con las interpretaciones tradicionales de acuerdo con las cuales se trataba de un burócrata y aparatchik limitado que disfrutaba con impartir órdenes sin tener una adecuada cualificación para dirigir.

Jirí Pernes opina que Novotný era consciente de su deficiente formación y sabía rodearse de asesores competentes. Según el historiador, Antonín Novotný no sólo posibilitó las reformas de los años 60, sino que salvaguardó también una buena parte de la independencia del Estado checoslovaco frente a la Unión Soviética.

Jirí Pernes sostiene que el presidente Novotný era un hombre sencillo, agarrado firmemente al poder. Sin embargo, no era nada ostentoso y no ambicionaba poseer bienes materiales. Su mayor pasión era el tute que jugaba con sus próximos en el interior de un descomunal tonel de cerveza, instalado en su residencia campestre de Orlík, al sur de Praga.

El presidente Ludvík Svoboda... Su carrera difiere sustancialmente de la de los demás primeros mandatarios comunistas de Checoslovaquia. Fue el único de los presidentes comunistas que no procedía de una familia humilde. Durante la Primera República Checoslovaca que había surgido en 1918, desarrolló una razonable carrera militar que le proporcionaba una existencia cómoda, sin aprietos económicos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, tras haber huido ante Hitler a la Unión Soviética, Svoboda fue reclutado, según todo indica, por los servicios secretos soviéticos.

En 1945 Checoslovaquia fue liberada de la ocupación nazi. Svoboda que ocupaba en el nuevo gobierno la cartera de Defensa, aparentaba no militar en ninguna formación política, pero en realidad era compañero de viaje del Partido Comunista. Se pasó abiertamente al lado de los comunistas en febrero de 1948 cuando éstos tomaron el poder en Checoslovaquia tras un golpe de Estado, orquestado magistralmente por Klement Gottwald.

En los años 50, Ludvík Svoboda fue objeto de persecusiones políticas que el historiador Jirí Pernes considera moderadas para aquella época de feroces represalias.

En 1968, al iniciarse la ocupación soviética de Checoslovaquia Ludvík Svoboda desempeñó un papel trágico al pasarse al lado de los soviéticos y de quienes cercenaron y ahogaron el proceso democratizador en Checoslovaquia.

El último presidente comunista de Checoslovaquia fue el eslovaco Gustáv Husák. Según el historiador Jirí Pernes, en los años 50 Husák manifestó un insólito coraje y firmeza ya que a pesar de las torturas síquicas y físicas rechazó las acusaciones injustas por parte de sus propios compañeros del partido y con ello salvó la vida también a otros de los acusados en un proceso fabricado.

A juicio de Pernes, Gustáv Husák fue un político extraordinariamente hábil para quien el poder lo era todo. Durante la llamada normalización de los años 70 y 80 que supuso un nuevo endurecimiento del régimen comunista tras la derrota del movimiento democratizador de la Primavera de Praga, Husák fue empujado al aislamiento por los dogmáticos de la cúpula del Partido Comunista.

Gustáv Husák presenció en otoño de 1989 el funesto fin del régimen comunista a cuya implantación y mantenimiento había consagrado toda su vida.

12-04-2003