Los gitanos en el territorio de la República Checa

15-06-2002

Sentirse extranjero en su tierra. Así podría describirse a menudo la realidad que experimentaban los gitanos que vivían en las tierras checas. El hecho de no disponer de una historia escrita nos obliga a basarnos en fuentes históricas, crónicas de la época y notas aisladas. Podemos averiguar cómo percibía la sociedad mayoritaria a los gitanos pero casi nunca cómo la sociedad mayoritaria fue percibida por los gitanos.

Quizá la primera mención sobre los gitanos en el territorio de la República Checa es un capítulo de la "Crónica del así llamado Dalimilo", redactada en el siglo catorce. Allí se escribe que "en 1242 llegaron al país unos quinientos espías turcos. Eran de piel oscura, vestían sombreros altos, vestimentas cortas, en las manos llevaban bastones largos, y cuando pedían pan, decían "Kartas boh", por eso los llamaban "kartasi"...

Si en realidad se trataba de gitanos, considerados por los habitantes erróneamente como espías turcos, aún persiste la interrogante. Desde el punto de vista lingüístico la frase "kartas boh" se acerca al romaní, es decir "Dios hizo recaer el hambre". Sin embargo, desde el punto de vista histórico no es posible pasar por alto que los ejércitos mongoles invadieron Europa Central ya en 1241, así que la presencia de los espías debería situarse en la primavera de ese año, y no del año 1242 como indica la Crónica de Dalimilo.

La presencia de los gitanos en territorio checo se menciona asimismo en el "Libro de ejecuciones de los señores de Rosenberg" que la ubica en el año 1399. Uno de los bandidos interrogados indicó que entre los culpables figuraba el "Gitano, el negro, criado de Ondrej". Pero tampoco en este caso era seguro si no se trataba sólo de un apodo.

Lo que si se ha podido comprobar son las informaciones del año 1417, cuando pasó por las tierras checas un grupo encabezado por el rey Sindel y los duques Panuel, Michal y Ondrej. En 1417 este grupo, que contaba con más de trescientos miembros, se dirigió de Buda, en Hungría, a la ciudad eslovaca de Kosice, desde allí continuó por Eslovaquia del Sur hasta Bratislava donde finalmente se dividió. En el camino los gitanos se identificaban con salvoconductos que les aseguraban una acogida cordial.

De un salvoconducto disponía también el duque gitano Ladislav, quien lo recibió el 17 de abril de 1423 del emperador romano y rey checo Seguismundo de Luxemburgo. Los salvoconductas otorgaban a los capataces gitanos competencias extraordianarias referentes a su propia gente. Disponían del derecho de juzgar, castigar, conceder perdón o excomulgar de la comunidad a los pecadores.

Pero desde mediados del siglo dieciséis cambió la postura hacia los gitanos en las tierras checas. La Iglesia católica empezó a proclamar que el comportamiento de los gitanos no coincidía con el cristianismo, y la desconfianza fue convirtiéndose en represión. En 1427 el arzobispo de Praga excomulgó a los gitanos.

Los ánimos antigitanos empezaron a aumentar después de un gran incendio desatado en 1541 en Praga. Como principales sospechosos fueron señalados los gitanos. En 1545 el rey Fernando I mandó desterrar a los gitanos.

Esa orden real fue renovada a finales del siglo diecisiete por Leopoldo I. Los gitanos podían ser en cualquier momento fusilados impunemente. En caso de ser detenidos, les esperaba la pena capital. Y sus esposas eran castigadas cortándoles las orejas y posteriormente también con la pena de muerte.

El rey José I continuó con su política de represalias. En 1706 ordenó ubicar a lo largo de las fronteras anuncios para los gitanos en los que aparecían hombres ahorcados, mujeres y niños azotados.

Si bien fue una época de duras persecuciones, los gitanos pudieron instalarse en Moravia. Los nobles, como por ejemplo los señores de Kounic, Lichtenstein, Michna, Perglas, facilitaban a las familias de algunos herreros permisos de residencia. Las familias de músicos pudieron instalarse en los señoríos de los feudales húngaros, quienes eran grandes aficionados a la música.

La emperatriz María Teresa, que reinó entre 1740 y 1780, intentó sustituir la represión por la asimilación. Los gitanos recibían permisos de residencia, sin embargo eran sometidos a rigurosos controles. Había intentos de prohibir la lengua gitana, los vestidos tradicionales, educar a los niños gitanos de entre siete y doce años en familias no gitanas, prohibir que se dedicasen a oficios tradicionales, negociaran con caballos, etc.

El hijo de María Teresa, José II ordenó que los gitanos debían asistir a misa. En 1784 trató por primera vez de dislocar a las familias de los gitanos moravos, que todavía no se habían instalado en un lugar fijo. Tampoco durante el reinado de José II se pudo evitar los múltiples ataques contra los gitanos. En un proceso iniciado en 1782 fueron acusados de asesinato y canibalismo, y posteriormente ejecutados, cuarenta gitanos. La investigación demostró más tarde que nadie había sido asesinado y los gitanos habían reconocido el crimen debido a las fuertes torturas a las que fueron sometidos.

A pesar de todo, el reinado de María Teresa y José II supuso un cambio histórico. Por primera vez en largos siglos los gitanos fueron considerados habitantes legítimos de las tierras checas.

Después de que fue fundada la Primera República Checoslovaca, en 1918, los gitanos fueron reconocidos oficialmente como una minoría étnica. En el censo de población de 1921 figuraba la categoría "nacionalidad gitana", igual que la judía.

Sin embargo, a pesar de que la Checoslovaquia de entreguerras fue considerada uno de los países más democráticos del mundo, en 1927 fue aprobada, aunque no por unanimidad, una ley sobre los gitanos nómados en virtud de la cual se procedió a llevar registro de todos los gitanos que no vivían en un lugar fijo. Se incluyó además a los que en invierno residían en un lugar fijo y se trasladaban sólo durante alguna temporada en busca de trabajo.

El primer censo gitano se efectuó, en presencia de la gendarmería y la policía, entre junio de 1928 y agosto de 1929. A los más de cuarenta mil gitanos mayores de catorce años, que fueron registrados, les fue extendido "un documento de indentidad gitano". Los gitanos se vieron obligados a llevarlos encima e identificarse con él en cualquier momento. Más tarde, este documento le fue extendido a todos los gitanos sin diferencia, ya fueran nómadas o no, con lo que se les excluía, según la ley del resto de la sociedad.

A finales de los años treinta se dirigió a Checoslovaquia una oleada de refugiados gitanos de la Alemania nazi y Austria. Después de que el Ejército de Hitler ocupó también el territorio checo y surgió el Protectorado de Bohemia y Moravia, el Ministerio del Interior ordenó, a finales del año 1939, que los gitanos debían instalarse en un lugar fijo. Para ello tenían un plazo de dos meses.

Los que no obedecieron fueron enviados a campos de trabajos forzados: los gitanos de Bohemia al campo de Lety, cerca de la ciudad de Písek, y los gitanos de Moravia al campo de Hodonín. Estos dos campos se convirtieron oficialmente, el 1 de agosto de 1942, en campos de concentración gitanos.

En ese momento vivían en el Protectorado unos siete mil gitanos. Entre abril de 1942 y febrero de 1944 fueron enviados 14 transportes de gitanos con destino a los campos de concentración de Auschwitz, Birkenau, Buchenwald, entre otros. Sólo unos seiscientos gitanos lograron sobrevivir el holocausto.

Después de la Segunda Guerra Mundial la posición de los gitanos en la sociedad parecía mejorar, sin embargo, ya en 1958 el Parlamento socialista aprobó una ley que prohibía definitivamente a los gitanos llevar una vida errante. Durante batidas nocturnas los comandos de la policía serraban las ruedas de sus carromatos y se llevaban los caballos. El régimen comunista se esforzó por destruir las colonias gitanas dispersando a sus habitantes entre la población mayoritaria. Sus principios y valores fueron destruidos, pero nunca se los sustituyó. Los gitanos perdieron así el sentido de origen.

15-06-2002