Odiada y afamada: la controvertida arquitectura de los años sesenta

22-04-2017

Con los años sesenta del siglo XX llegó la época dorada de la arquitectura checa, y varios edificios obtuvieron fama mundial.

El edificio de Transgas, foto: Dominika BernáthováEl edificio de Transgas, foto: Dominika Bernáthová El éxito del pabellón checoslovaco en la Exposición Mundial en Bruselas en 1958 impulsó un nuevo rumbo de la arquitectura nacional, que destacaba por una fusión de diseño moderno y las artes plásticas. Después de una época marcada por el realismo socialista, la arquitectura checoslovaca se abrió nuevamente a las tendencias occidentales.

La liberalización política de los años sesenta permitió a los arquitectos checoslovacos emprender viajes en busca de inspiración, según apunta el historiador Petr Vorlík, de la Universidad Técnica de Praga.

“Muchos arquitectos pudieron viajar, a principios de los años sesenta, a Suecia o Alemania gracias a las empresas de comercio internacional y al hecho de que en Checoslovaquia se construían hoteles de cadenas internacionales. Se construían asimismo embajadas checoslovacas por el mundo, y los contactos se fueron profundizando. En 1967 tuvo lugar en Praga el Congreso Internacional de la Unión Global de Arquitectos con presencia de élites mundiales. Se habló de temas como el medioambiente o la cooperación con los campos de sociología y psicología. Querían dar a la arquitectura un matiz menos político, más humano y social. Esta es la magia de la arquitectura de los años sesenta”.

El máximo galardón mundial se fue a Liberec

El interior de la torre de Ještěd, foto: Hadonos, CC BY-SA 3.0 UnportedEl interior de la torre de Ještěd, foto: Hadonos, CC BY-SA 3.0 Unported Las obras de arquitectos checoslovacos obtuvieron reconocimiento a nivel internacional. El arquitecto checo Karel Hubáček obtuvo por su torre de televisión Ještěd, situada en la cima del monte del mismo nombre en la ciudad de Liberec, el Premio August Perret, el máximo galardón mundial otorgado por la Unión de Arquitectos Internacional, apunta Petr Vorlík.

“Hasta la actualidad es el máximo galardón para la arquitectura checoslovaca a nivel internacional. Obtuvo el premio cuando la torre de Ještěd aún no estaba acabada. Se lo dieron por su solución constructiva y plástica”.

La torre en forma de hiperboloide fue construida entre 1966 y 1973 en estilo tecnicista. Su parte inferior alberga un hotel y un restaurante y el resto del edificio sirve como antena de transmisión de radio y televisión. Además de representar el símbolo de la ciudad de Liberec, la torre fue reconocida como la mejor obra arquitectónica checa del siglo XX.

La polémica de Transgas – ¿conservar o derribar?

De izquierda: Veronika Vicherková, Petr Vorlík y Klára Brůhová foto: Dominika BernáthováDe izquierda: Veronika Vicherková, Petr Vorlík y Klára Brůhová foto: Dominika Bernáthová Una ola de críticas positivas despertaron asimismo los edificios de la Embajada de Checoslovaquia en Londres, proyectada por los arquitectos Jan Šrámek, Jan Bočan y Karel Štepánský. Este edificio, inspirado en el brutalismo, fue galardonado con el premio a la Mejor obra de arquitectos extranjeros en Gran Bretaña, otorgado por el Instituto Real de Arquitectos Británicos.

El brutalismo vivió su auge entre los años cincuenta y sesenta. El nombre de este estilo arquitectónico, inspirado en la obra tardía del arquitecto suizo Le Corbusier, se vincula con la expresión francesa “béton brut”, es decir, hormigón áspero, explica Petr Vorlík.

“No es que esta arquitectura debiera ser brutal e inhumana, se vincula a la crudeza, materiales ásperos destapados y la individualidad de expresión. La arquitectura brutalista pretendía llamar la atención y destapar no solo los materiales usados, sino también la estructura interna de los edificios. Su función era despertar emociones. Podemos marcarla como una respuesta a la arquitectura de los años sesenta que se volvía uniforme. El brutalismo destaca por su individualidad”.

Según Petr Vorlík, en la República Checa no se halla ningún edificio puramente brutalista, pero en algunas obras se percibe la influencia de este estilo, prosigue.

El centro comercial Kotva, de Praga, foto: VitVit, CC BY-SA 4.0El centro comercial Kotva, de Praga, foto: VitVit, CC BY-SA 4.0“La arquitectura checa adoptó del brutalismo occidental especialmente el material áspero, que se puede ver en los edificios proyectados por los arquitectos Machonin; como es el centro comercial Kotva, de Praga, construido de concreto y acero. En cuanto a las formas más llamativas, destacan el edificio de Transgas o la Central Telefónica del barrio de Dejvice. No obstante, no tenemos edificios brutalistas típicos en el territorio checo, quizás lo sean los edificios de las embajadas checoslovacas en Ginebra, Estocolmo, Brasilia y Londres. Aquí tenemos una arquitectura más suave, más plástica y más emocional que trabaja con su contexto urbanístico. La arquitectura extranjera es más atrevida, mientras que la nuestra es más moderada precisamente por trabajar con el contexto”.

Uno de los edificios con elementos brutalistas es el Transgas, situado al pie de la calle Vinohradská, en las proximidades de la sede de la Radiodifusión Checa.

El complejo de tres edificios en estilos industrial y high-tech, fue construido en los años setenta como sede de la Central del Gasoducto de Tránsito. Entre sus elementos distintivos destacan un barandal en forma de conducto de gas y un tubo similar que compone la conexión entre los tres edificios.

Transgas es objeto de polémicas. Pese a las solicitudes de diferentes organizaciones, el Ministerio de Cultura de la República Checa no declaró el edificio monumento nacional, con lo que dio luz verde a su demolición. Una empresa constructora planea erigir en su lugar un complejo de edificios administrativos.

La Praga de Karel Prager

El edificio de la antigua Asamblea Federal, foto: Dominika BernáthováEl edificio de la antigua Asamblea Federal, foto: Dominika Bernáthová A pesar de su estética controvertida, el edificio de la antigua Asamblea Federal (budova bývalého Federálního shromáždění), situada en cercanías de Transgas, fue incluida en el año 2000 en la lista de los monumentos nacionales protegidos.

El majestuoso edificio fue construido en los años sesenta según el proyecto de los arquitectos checos Karel Prager, Jiří Kadeřábek y Jiří Albert, como extensión del edificio de la Bolsa de Praga.

Desde 1995 residió en el edificio la Radio Europa Libre, y en 2009 pasó a la administración del Museo Nacional.

El edificio se caracteriza por un gigantesco cuerpo de hormigón armado y vidrio, apoyado en cuatro pilares. Según apunta la historiadora Klára Brůhová, de la Universidad Técnica de Praga, el proyecto original contaba con una adaptación urbanística más sofisticada.

La Nueva Escena del Teatro Nacional, de Praga, foto: Dominika BernáthováLa Nueva Escena del Teatro Nacional, de Praga, foto: Dominika Bernáthová “El proyecto original del edificio de la antigua Asamblea Federal difería en cuanto al contexto urbanístico. Originalmente iba a estar conectado directamente con la Plaza de Venceslao por una zona peatonal. Se proyectó un acceso directo para el público. No obstante, este plan no se llegó a realizar, y resulta que hoy el edificio está separado de la Plaza de Venceslao por dos vías de una carretera que originalmente iba a pasar por otro lugar. El edificio se encuentra en una “isla” y para llegar allí hay que cruzar dos carreteras. Esto lo despersonaliza”.

El arquitecto Karel Prager es responsable del edificio de la Nueva Escena del Teatro Nacional (Nová scéna Národního divadla), de Praga, construido en 1983. Esta obra postmoderna destaca por su forma sesgada y su cubierta formada por más de 4.000 ladrillos de cristal soplado, que conforman una imponente relieve, apunta la historiadora de la arquitectura Veronika Vicherková, de la Universidad Técnológica de Praga.

El interior de la Nueva Escena del Teatro Nacional, de Praga, foto: Dominika BernáthováEl interior de la Nueva Escena del Teatro Nacional, de Praga, foto: Dominika Bernáthová “A mi juicio se trata de una obra excepcional, es como una estatua de cristal cuya forma copia el perfil del antiguo edificio del Teatro Nacional. Es como si se tomara su volumen y se pusiera en otra parcela, la medida es exacta, y además cuenta con una expresión individual”.

Su moderno aspecto, situado entre una urbanización clasicista, convirtió la Nueva Escena del Teatro Nacional en uno de los edificios más polémicos para los praguenses. Mientras que sus partidarios alaban su original fachada de cristal y su interior decorado con mármol verde, para sus adversarios representa un símbolo del régimen comunista. Según Petr Vorlík, la arquitectura de posguerra difícilmente llega a complacer a todos.

La torre de Ještěd en Liberec, foto: Miloš TurekLa torre de Ještěd en Liberec, foto: Miloš Turek “En todas las épocas, la arquitectura despierta tanto entusiasmo y malestar. El estilo del funcionalismo no ha sido aceptado por todos hasta la actualidad, lo mismo pasó con el Arte Nuevo y lo mismo pasa con la arquitectura de esa época. Es necesario escuchar a todos. El único edificio que a mi juicio cuenta exclusivamente con simpatizantes es la torre de Ještěd en Liberec. De los edificios construidos en el siglo XX hay pocos que cuenten con un acuerdo general”.

La arquitectura de la época totalitaria representa una piedra en el zapato de muchos checos, no sólo por su aspecto visual, sino también por su vinculación con el régimen comunista.

Por su parte, aparecen voces que advierten sobre la importancia de estos edificios que tienen un gran valor arquitectónico, además de representar un testimonio histórico.

22-04-2017