El disidente con alma de poeta que no quería ser presidente

19-12-2011

Aunque esperada, debido a su delicado estado de salud, la muerte de Václav Havel no ha dejado de conmocionar al país y el mundo entero. En cualquier rincón del planeta donde flamee la bandera de la democracia, allí es llorado el querido ex presidente checo, padre espiritual de la nación y símbolo de la Revolución de Terciopelo.

Václav Havel, foto: ČTKVáclav Havel, foto: ČTK Las campanas no han parado de doblar en la República Checa desde que al mediodía del fatídico domingo, cuando la gente estaba más preocupada de realizar sus compras prenavideñas, trascendiera la noticia de la muerte de su ciudadano más ilustre, Václav Havel, conocido en todo el mundo como el ícono de la Revolución de Terciopelo y primer presidente checo.

Su postrera actividad pública había transcurrido hace pocos días, con la visita del Dalai Lama, amigo personal y compañero de ruta en la lucha pacífica por un mundo mejor, más democrático, sin prisioneros políticos de ningún color.

Dalai Lama y Václav Havel, foto: ČTKDalai Lama y Václav Havel, foto: ČTK La muerte le sorprendió a los 75 años, en la tranquilidad de su casa de campo, en Hrádeček, rodeado de sus seres queridos. Una larga enfermedad, vinculada a sus años de abuso del tabaco, le fue mermando de a poco y en sus últimas apariciones se veía demacrado, apenas podía mantenerse en pie y hablaba con un hilo de voz casi inentendible.

El principal legado de Havel puede resumirse en estas palabras que él mismo proclamó, en 1989, cuando lideró el levantamiento pacífico contra el régimen comunista, tras lo cual se convirtió en el presidente checoslovaco de la democracia.

“Les prometo que no decepcionaré su confianza y conduciré este país hacia las elecciones libres”.

Esa promesa y muchas otras cumplió Havel a lo largo de su azarosa y fructífera vida. Nacido en 1936, en el seno de una familia acomodada, vinculada al mundo del cine, el futuro presidente comenzó como tramoyista en el teatro Na Zábradlí, que fue una especie de cuartel general para él.

Allí se forjaron sus obras de teatro, que le convirtieron en uno de los más importantes dramaturgos checos del siglo XX.

Václav Havel durante su famoso discurso de Año Nuevo de 1990, foto: ČTKVáclav Havel durante su famoso discurso de Año Nuevo de 1990, foto: ČTK Allí también se moldearon sus ideales, esos por los que luchó durante su vida y que hace más de dos décadas acabaron con el totalitarismo. En su famoso discurso de Año Nuevo de 1990, explicó su ideario político.

“Quizá se pregunten con qué república sueño. Les contesto. Con una república independiente, libre, democrática, con una república que prosperará económicamente y a la vez será socialmente justa. En resumen, con una república humana que sirva al hombre y por eso tiene la esperanza de que también el hombre la servirá a ella”.

Su éxito como dramaturgo y sus ideales libertarios le ganaron la animosidad del régimen comunista. Por eso Havel estuvo en la cárcel. Muchas veces. Fue el disidente más famoso que dieron estas tierras.

Ser el impulsor y uno de los arquitectos de Carta 77, que sembró el camino a la libertad, fue su mayor delito y estuvo muchos años detenido en las mazmorras del régimen. Pero no consiguieron acallar su voz. Al contrario.

La cárcel le dio la autoridad moral necesaria para liderar su país en el camino a la democracia. Aunque fue un período duro. En 2009 recordaba sus años de prisión.

“He vivido varias salidas de la cárcel, y me he dado cuenta de algo que también le sucedió a muchos compañeros. Es el fenómeno de la psicosis del ex presidiario. Cuando una persona está en la cárcel durante mucho tiempo se acostumbra a ciertas cosas como, por ejemplo, que no tiene nada que decidir, porque te lo dan todo hecho. Cuando sales te cuesta cada una de las cosas que tienes que decidir: desde qué pantalones te pones hasta si vas en metro, en tu auto o andando, y así con cualquier cosa hasta que te duele la cabeza”.

Director de cine Václav Havel (2011)Director de cine Václav Havel (2011) No estuvo de acuerdo con el Divorcio de Terciopelo, que partió a Checoslovaquia en dos países en 1993, pero lo aceptó. Y siempre fue un firme partidario de Europa, esa misma Europa que ahora, en su hora más oscura, lo despide como a uno de sus líderes históricos más importantes.

A principios de 2011, Havel sumó un oficio más a los muchos que desempeñó en vida: director de cine. Estrenó una película, ‘La Partida’ (Odcházení), basada en su propia obra de teatro, en la que ajusta cuentas con el mundo de la política, que le quitó tantos años de trabajo literario y vida personal.

Sobre el oficio de director de cine, Havel también tiene declaraciones muy reveladoras.

“He estado muy sorprendido en relación a cuán rápido y eficiente fluye todo en el mundo del cine. Se me ocurre una idea en el set, le comento a mi asistente, que siempre está a mi lado, y al día siguiente ya la estamos filmando. Así no funcionaban las cosas cuando era presidente”.

Hay países que tienen militares por presidentes. Hay otros que prefieren a los políticos en el poder. Y están las naciones que optan por los poetas. En esta última categoría Checoslovaquia, primero, y la República Checa, después, sobresalen.

Los trece años de Havel en el Castillo de Praga causaron admiración en todo el mundo, aunque él nunca dejó de ser un bohemio y romántico por antonomasia.

Un poeta forzado por las circunstancias a tomar las riendas del poder. Esto fue lo que dijo cuando le preguntaron sobre sus años como jefe de Estado.

“Fue mucho más un sufrimiento de lo que cualquiera crea y piense. Al mismo tiempo no me atrevería a decir que fue una equivocación. En cierta manera fue un don. ¿A quién le sucede estar en medio de los acontecimientos que cambian la historia del mundo y tener incluso influencia en ellos?”.

En 2009 participó en las celebraciones del 20 aniversario de la Revolución de Terciopelo y apoyó la iniciativa Inventario de la Democracia llevada adelante por los estudiantes del país, con los que siempre tuvo sintonía, para asumir más responsabilidades en la vida pública.

Joan Baez y Václav Havel en las celebraciones del 20 aniversario de la Revolución de Terciopelo (2009), foto: ISIFA/ VLP/ Vít ŠimánekJoan Baez y Václav Havel en las celebraciones del 20 aniversario de la Revolución de Terciopelo (2009), foto: ISIFA/ VLP/ Vít Šimánek “Aprecio esta iniciativa estudiantil porque subraya la necesidad de que cada uno de nosotros asumamos parte de la responsabilidad. Estoy de acuerdo que todos debemos participar activamente en el desarrollo de la sociedad. No hay por qué tener miedo, pues lo hacemos en beneficio de todos. De otra manera nunca lograremos que las cosas vayan cambiando según lo deseamos y que la situación mejore más todavía”.

Ese mismo año, Václav Havel organizó la conferencia ‘La Libertad y sus Enemigos’, para evaluar la situación de la democracia y la libertad 20 años después del fin de los regímenes comunistas en Europa Central.

En su discurso reconoció la dificultad que supuso el cambio para una sociedad acostumbrada al totalitarismo.

“Yo comparo a la sociedad checa de la actualidad con este síndrome del ex presidiario. En mi opinión eso explica el apoyo que hoy día sigue teniendo el Partido Comunista. Para mucha gente la libertad es una cosa complicada, y le gustaría volver a esa cárcel metafórica, porque no pueden soportar lo que supone la libertad. Ellos lo llaman seguridad. Ofrecen, por ejemplo, tranquilidad en el trabajo. Nosotros decidiremos por vosotros, porque nosotros somos los que conocemos cómo funciona el mundo y no os tendréis que preocupar”.

Hizo también entonces un positivo balance, a dos décadas del triunfo de la democracia.

“La dirección en la que queríamos que avanzara nuestra sociedad, o sea, hacia un Estado democrático, de derecho, libertad, respeto a los derechos humanos y economía de mercado, aunque lentamente y con obstáculos e imprevistos, es la que mantenemos. No hemos abandonado los ideales de entonces. Se puede maldecir o criticar la situación actual, pero seguimos caminando en esa dirección”.

La entereza moral de quien se convirtió en símbolo de la lucha contra los totalitarismos, cualquiera sea su color, está fuera de toda discusión. Fue un luchador infatigable.

Ahora Václav Havel puede descansar en paz.

19-12-2011