El legado ideológico de Václav Havel, en crisis

16-12-2016

El dramaturgo y expresidente checo, Václav Havel, símbolo de la transición checoslovaca a la democracia, falleció hace justo cinco años. Sus ideas, valores y visión de la política exterior, que dieron forma a una era, se hallan actualmente en cuestionamiento público.

Václav Havel, foto: Filip Jandourek, Archivo de ČRoVáclav Havel, foto: Filip Jandourek, Archivo de ČRo Desde 1989 y hasta bien entrados los 90, Checoslovaquia, y después Chequia, no era un país, era una persona: Václav Havel. O así era percibido desde el exterior. El dramaturgo que lideró la disidencia contra el régimen comunista y dirigió el rápido proceso de transición a la democracia en 1989 se convirtió en un símbolo del cambio político, a la manera de Lech Walesa en Polonia, y también en un abanderado de ideales que trascendían la política y alcanzaban un nivel moral.

Michael Žantovský, foto: ČT24Michael Žantovský, foto: ČT24 Havel falleció un 18 de diciembre hace cinco años, dejando tras de sí un legado ideológico que predominó durante prácticamente dos décadas, pero que ahora, en la Chequia post Havel, parece estar empezando a disolverse. Esa es la opinión de uno de sus biógrafos, Michael Žantovský.

“Creo que hemos llegado a un estadio de escepticismo, de cierto cuestionamiento de adónde vamos. Los valores según los que tuvo lugar la Revolución de Terciopelo, al menos los valores que se proclamaron, se ponen abiertamente en duda. Hablo de valores como los derechos humanos, la orientación pro occidental, el interés por la tolerancia. Y esto se deriva del mal estado de la conciencia nacional”.

Dalái Lama, foto: Filip Jandourek, Archivo de ČRoDalái Lama, foto: Filip Jandourek, Archivo de ČRo Con el lema de “la verdad y el amor vencerán a las mentiras y el odio”, Havel orientó a la República Checa a una clara sintonía con Occidente, especialmente con Estados Unidos, y convirtió al país en un defensor acérrimo de los derechos humanos por el mundo, dando la espalda a países sin libertades políticas, especialmente los de corte comunista, como Cuba o China. Havel era, por ejemplo, muy buen amigo del Dalái Lama.

Desde su puesto presidencial, Havel emprendió una surte de reforma moral del país, hablando en la esfera pública de principios como la libertad o la tolerancia. Ahora, sin embargo, buena parte de la sociedad checa ha dejado de identificarse con esas ideas. Los havlianos años 90 fueron los de mayor corrupción en el país, y la década siguiente no fue mucho mejor. La clase política que se considera heredera directa del expresidente se halla actualmente desprestigiada, dividida en pequeños partidos de derecha liberal y sustituida en las urnas por la derecha pragmática del magnate Andrej Babiš y el partido ANO.

Petruška Šustrová, foto: Vendula Uhlíková, Archivo de ČRoPetruška Šustrová, foto: Vendula Uhlíková, Archivo de ČRo El caso más palpable es la crisis migratoria. Ante la ola de refugiados de Oriente Medio a Europa, la sociedad checa ha reaccionado fuertemente a la defensiva. El presidente Miloš Zeman, que se ha destacado por justificar y alimentar los sentimientos xenófobos en el país, cuenta con un apoyo de más del 60%. En opinión de la periodista Petruška Šustrová, de estar Havel todavía en la presidencia, habría reaccionado de forma muy distinta.

“Habría intentado llegar a un acuerdo y de unir a la sociedad, que se halla dividida entre aquellos que aceptan a los inmigrantes y a los que comprensiblemente temen a lo desconocido. Habría tratado de tranquilizarlos y de llegar a una opinión consensuada, sabiendo que es imposible que todos tengan la misma opinión. Pero habría aliviado los peores temores, no habría asustado a la gente sin motivo ni causado problemas, que ya sin el jefe de Estado hay bastantes”.

Miloš Zeman, foto: Filip Jandourek, Archivo de ČRoMiloš Zeman, foto: Filip Jandourek, Archivo de ČRo El presidente Zeman, y su popularidad, es un claro ejemplo de los nuevos tiempos. Desprecia a la intelectualidad y a lo que él llama “la cafetería”, y en política exterior sintoniza con países que no destacan por su respeto a las libertades y los derechos humanos, como Rusia y China. Desde la clase política predominante y en los medios de comunicación cada vez se oye más que los intereses económicos predominan en política exterior sobre otras consideraciones. Según el periodista y exministro de Defensa Luboš Dobrovský, en los últimos años se ha registrado una clara pérdida de ideales en las relaciones diplomáticas.

Luboš Dobrovský, foto: ČT24Luboš Dobrovský, foto: ČT24 “La característica básica de nuestra política exterior a principios de los años 90 era la conciencia de nosotros mismos, una cierta seguridad de que sabemos qué queremos y lo que somos. Actualmente nuestra política exterior se basa en la tesis de que somos débiles, y demasiado pequeños para jugar al mismo nivel que las grandes potencias. Es una actitud errada. Pero esa es la diferencia. Al mismo tiempo también han cambiado las condiciones, el mundo se caracteriza por otros factores. Antes esperábamos que Rusia se democratizaría, pero no lo está haciendo”.

El dramaturgo que se vio metido en política

La Carta 77, foto: ČT24La Carta 77, foto: ČT24 Václav Havel, nacido en 1936 en el seno de una familia de clase alta, fue uno de los principales representantes checoslovacos del teatro del absurdo, con obras como ‘La Audiencia’ o ‘La Fiesta’, aunque también cultivó la poesía. Tras el fracaso de la Primavera de Praga y la invasión soviética, Havel pasó a formar parte de la disidencia y fue perseguido por el régimen. Fue uno de los promotores de la Carta 77, en la que diversos intelectuales podían al régimen el respeto de los derechos humanos.

Foto: Martina SchneibergováFoto: Martina Schneibergová En 1989, cuando estallaron las movilizaciones populares de la Revolución de Terciopelo, Havel fue la cara visible de la oposición y sobre él recayó la mayor parte de las negociaciones con el régimen. En enero de 1990 fue proclamado presidente, sellando así el fin del comunismo y la llegada de la democracia. En 1993, tras la división de Checoslovaquia fue el primer presidente checo, cargo en el que repitió en 1998 y hasta 2003, cuando dejó el puesto por motivos de salud. Murió a los 75 años tras una insuficiencia respiratoria.

Diversos lugares llevan actualmente en Chequia el nombre de su primer presidente en democracia, entre ellos el aeropuerto de Praga.

16-12-2016