Las aventuras de los voluntarios checos en México

28-05-2015

Cada vez más checos optan por la experiencia de emprender una misión voluntaria al extranjero. Uno de los destinos frecuentes es México, donde se dedican a la enseñanza del inglés y actividades de ocio para los niños. Radio Praga habló con las coordinadoras de la organización United Visions sobre sus actividades, y también con una voluntaria, que trabajó durante un año en la temida frontera mexicano-estadounidense.

Anna Poledňáková y Lucie Hrušková de United Visions en el Festival de la Cultura Latinoamericana en Museo de Náprstek de Praga, foto: Dominika BernáthováAnna Poledňáková y Lucie Hrušková de United Visions en el Festival de la Cultura Latinoamericana en Museo de Náprstek de Praga, foto: Dominika Bernáthová Anna Poledñáková y Lucie Hrušková son dos voluntarias checas que han decidido dedicar su tiempo libre a la coordinación de las actividades de United Visions, una organización que desde 2011 manda a maestros de inglés voluntarios a comunidades rurales de los Estados mexicanos de Yucatán y Campeche. Anna Poledñáková explica a Radio Praga en qué consiste la misión de sus integrantes.

“Los voluntarios enseñan inglés en comunidades rurales donde tenemos organizaciones socias, que les ofrecen alojamiento y comida gratis. Dan clases del inglés del lunes a viernes, entonces podemos decir que es un trabajo “full time”. Si quieren viajar, pueden hacerlo durante los fines de semana o antes o después de la estancia. Aparte de la enseñanza del inglés los voluntarios no tienen que hacer nada más pero si quieren, pueden apoyar otros proyectos que desarrollan nuestras organizaciones socias. Actualmente tenemos dos, una se llama Fundación Haciendas del Mundo Maya, que trabaja en Yucatán, y otra es Pronatura, en Campeche”.

No hace falta ser un profesor licenciado

No es imprescindible que los voluntarios tengan un alto nivel del español para explicar la gramática inglesa, ya que United Visions dispone de un método especial para enseñar el idioma, explica Lucie Hrušková.

“Una compañera nuestra, que es maestra de inglés, desarrolló un nuevo método para que a los mexicanos les gustara atender las clases regularmente, es más de movimiento. Entrenamos a nuestros voluntarios en este método para que tengan una idea cómo pasarlo a sus alumnos. El voluntario no tiene que estudiar para ser maestro, es muy fácil para aprender y enseñar también”.

La demanda de profesores supera la oferta

Aunque los voluntarios no reciben ningún tipo de remuneración y tienen que financiarse el viaje a México de sus bolsillos, United Visions no se puede quejar de la escasez de interesados, sino todo lo contrario. Por parte de las comunidades mexicanas, la demanda actualmente supera la oferta, afirma Anna Poledñáková.

“Nos piden más voluntarios y quieren que abramos más comunidades. Pero esta organización es puramente voluntaria, es decir que lo hacemos en nuestro tiempo libre y lo pagamos de nuestros bolsillos, no somos capaces de abrir por ahora más comunidades, pero sí hay demanda”.

Los impulsos de los voluntarios para emprender el viaje al extranjero son diversos, al igual que las edades a las que deciden dar un diferente rumbo a sus vidas, señala Hrušková.

“Tenemos muchos voluntarios que salieron de su trabajo para tener una experiencia nueva en un país tan distinto como México. Creo que es una buena oportunidad para personas que acabaron la universidad y que todavía no han empezado a trabajar, pero también para la gente mayor de 30 años, que ya pasaron tiempo trabajando, quieren un cambio en su vida y probar algo que pueda ser más útil en un mundo diferente”.

”No hay problemas con la violencia, más bien con la naturaleza”

El tema de la seguridad en México es una de las frecuentes preguntas de los voluntarios antes de emprender su misión. Aunque en el pasado la organización contó con comunidades en las zonas tan problemáticas como por ejemplo el Estado de Michoacán, sus integrantes nunca se han enfrentado a la violencia, afirma Hrušková.

“Nuestras comunidades socias son muy respetadas en sus áreas. Principalmente por eso nunca hay problemas, los voluntarios son muy respetados dentrop de la comunidad. Yucatán ahora no es problemático. Tenemos más problemas con la naturaleza y nuestros voluntarios por ejemplo con los animales diferentes más que con la seguridad de los problemas de narcotráfico. Nunca nos ha pasado nada felizmente”.

Según afirmaron las coordinadoras, la organización United Visions se plantea para el fúturo ofrecer sus servicios en más países latinoamericanos, y los primeros destinos serían probablemete Colombia y Perú.

El trabajo en la problemática frontera en el norte de México

Durante sus estudios Erasmus en Francia, Dagmar Winklerová conoció a muchos latinoamericanos a los que en breve cobró mucho cariño, creciendo en ella el interés po conocer su cultura con un mayor profundidad. Finalmente decidió emprender un viaje a México con el Centro Salesiano.

Dagmar Winklerová, foto: Dominika BernáthováDagmar Winklerová, foto: Dominika Bernáthová “Quería ir con una organización bien reconocida porque hay muchas que no son tan serias, y me recomendaron a los salesianos. Sin embargo, ellos no mandan a muchos voluntarios a América Latina, el único destino es México. Aunque generalmente México no se reconoce como un país súper pobre o con mucha violencia, Hasta el único momento no sabía a dónde me iban a mandar. Me dieron dos opciones, Ciudad Juárez y Nogales”.

Dado que Ciudad Juárez fue proclamada en 2009 la urbe más violenta del mundo, Dagmar Winklerová decidió no arriesgarse y optó por viajar a Nogales, que también fronteriza con los Estados Unidos, pero que no goza de tan mala fama. La voluntaria explica en qué consistió su trabajo.

“Los salesianos por lo general se dedican al trabajo con los niños y los jóvenes. México es un caso un poco especial, mientras que por ejemplo en los países en África o la India los voluntarios trabajan como maestros, como México ya no es un país tercermundista que necesite mucho desarrollo en el sistema educativo, prefieren sus propios maestros mexicanos. Entonces allí el trabajo voluntario consiste sobre todo en pedagogía en tiempo libre”.

Como trabajadora de la Brigada de la Alegría, Dagmar se encargaba de la organización de actividades de ocio como juegos, bailes, talleres de pintura y papiroflexia o torneos deportivos. Y segúm confiesa, disfrutó mucho de su trabajo.

“Los niños mexicanos son unos amores, cariñosos, es más fácil trabajar con los niños mexicanos que con los checos. Como los checos son más mimados es difícil encontrar algo a lo que vayan a poner atención, mientras que los mexicanos se sienten muy agradecidos por todo tiepo de actividad”.

Los tristes destinos de los inmigrantes

Nogales es uno de los puntos a donde la Policía deporta a los inmigrantes ilegales de los Estados Unidos. Dagmar se veía interesada en sus destinos, por lo cual en su tiempo libre empezó a ayudar en un centro comunitario que les prestaba ayuda.

“Algunos tenían unas historias muy fuertes. Los que eran de Salvador, Venezuela o Honduras contaron historias llenas de violencia, las violaron o mataron a sus familias. Los mexicanos también contaban cosas tristes sobre la falta de trabajo o experiencias malas con la Policía mexicana que se aprovechaba de los migrantes. Hasta tuvimos un caso de tortura con electricidad de una mujer. Me ayudaba un poquito el saber de que les podía ayudar al menos un poquitito en esta situación. Para un europeo es esto como un cuento de otro mundo”.

La cercanía de la frontera con Estados Unidos generalmente no favorece a la seguridad de una ciudad. Dagmar Winklerová afirma que hace varios años, las balaceras en Nogales estaban a la orden del día, pero últimamente la situación ha mejorado considerablemente. Curiosamente, más que de la narcomafia, la preocupación era por la Policía.

“La organización de los jesuitas se ocupaban de los casos de injusticia y violencia cometidos contra los migrantes sobre todo por parte de las autoridades mexicanas. Acabaron poniendo una queja de la Policía mexicana por el maltrato de los migrantes y nos dijeron que a lo mejor nos podrían amenazarnos como voluntarios de la organización y que no era buena idea salir solos. Mientras me dijeron que era más bien improbable que la mafia nos hicera algún daño porque conocían la organización y sabían que no es ningún peligro para ellos. Cuando no tienen ninguna razon para hacer daño, no te lo hacen, sobre todo a los extranjeros, ya que sería para ellos tener más problemas”.

No habiendo vivido ninguna mala experiencia, Dagmar Winklerová se atrevió a visitar incluso una de las urbes más peligrosas del mundo, Ciudad Juárez, donde pasó la Navidad.

Los mexicanos dan más importancia a la familia y a los amigos

Durante su estancia Dagmar disfrutó de la cultura local, y por supuesto de la comida. Lo que más apreció sin embargo en el carácter de la gente local fue la importancia que le dan a la familia y sus amigos.

“He aprendido que para nosotros los europeos lo más importante es nuestro trabajo y nuestro autodesarrollo. Por un lado es bueno pero por otro, autodesarrollarse mucho sin desarrollar la sensación de la comunidad ya no es tan bueno. Ellos ponen mucha más importancia a la familia y a los amigos. Es lo que aprendí. También aprendí a tener menos prisa. Nosotros nos estamos apurando y por esto creo que estamos estresados”.

Latinoamérica se apegó al corazón de Dagmar Winklerová con mucha fuerza y está decidida emprender otros viajes para conocer más países de este continente.

28-05-2015