Un pintor, un documentalista y una fotógrafa cambian el mapa del Orinoco

18-08-2007

Tres personas, un pintor, un documentalista y una fotógrafa integraron la "Expedición Maturaca 2007".Viajaron de Praga a Venezuela para tratar de ubicar y describir exactamente las bifurcaciones del río Orinoco.

Partieron con el deseo de rellenar ese lugar blanco en los mapas del río Orinoco en la zona más sureña de Venezuela. Se lo propusieron, no fue nada fácil, pero lo lograron.

El documentalista Vladimír Simek, es un hombre de mucha experiencia en este tipo de empresas. Participó en la expedición "Huellas checas a orillas del río Amazonas" de 1999 al 2000.

"Fuimos los primeros expedicionarios que llegamos al lugar con un equipo sumamente sofisticado, con un GPS especial para el trazado de mapas. Fue así como de manera precisa logramos describir la bifurcación del río Orinoco", explicó Simek.

Eso fue el final de la excursión, el éxito, la fama, el sueño hecho realidad. Pero cómo surgió la idea de embarcarse en la "Expedición Maturaca 2007".

"Me integré a la expedición como documentalista. Generalmente me dedico a filmar documentales para la serie de la Televisión pública Huellas Checas, que se dedica a buscar la huella que han dejado los checos en diferentes partes del mundo".

Gracias a la serie televisiva, Simek se sumó a la expedición organizada por el pintor Jan Dungel, que desde 1992 viaja a América del Sur a pintar aves en su medio natural.

 Kamila Broulova-Simkova y Vladimir Simek Kamila Broulova-Simkova y Vladimir Simek Biólogo de profesión, Jan Dungel es un amante de la naturaleza. Su debilidad son las aves, pero no en los parques zoológicos. Dungel viaja a las selvas latinoamericanas para captar "in situ" la belleza de los pájaros y de su entorno natural.

Jan Dungel ha ilustrado decenas de libros dedicados a la fauna más exótica del mundo. Se trata de libros publicados por editoriales en Alemania, Francia, Holanda, Gran Bretaña, Polonia y en la República Checa.

La "Expedición Maturaca 2007" se trazó varios objetivos. Localizar y describir la bifurcación del Orinoco faltante en los mapas, tomar de modelo a las aves más extraordinarias de las selvas del sur de Venezuela y documentar la huella que dejarían los checos en esa parte del planeta.

Los tres expedicionarios checos y sus dos guías indígenas compartieron durante dos meses una lancha de dos por tres metros, navegando en las aguas del río venezolano Baria, afluente del Orinoco

Jan Dungel estaba decidido a llegar por sus propios medios hasta la parte más al sur de Venezuela, cerca de la frontera con Brasil, en las proximidades del Pico de Neblina.

De acuerdo con el documentalista Vladimír Simek se trata de un lugar de muy difícil acceso, pero el más importante para el proyecto de la Expedición Maturaca 2007.

"En ese lugar está el manantial del río Baria, y a la vez se da algo excepcional, porque tiene lugar la bifurcación del Baria, que mezcla sus aguas con el río Maturaca que continúa hacia el sur, al río Negro y posteriormente al Amazonas y aquí está la casi desconocida unión de los ríos Orinoco y Amazonas".

Y precisamente esa unión entre el Orinoco y el Amazonas no aparece de manera exacta en los mapas. Los expedicionarios checos, sin ser hidrólogos o expertos en la materia consiguieron dar con el punto exacto de la bifurcación y de la unión que aparecerá en los nuevos mapas.

"No somos especialista en hidrología, pero llegamos al lugar preciso con los equipos precisos. Hace 15 años una expedición inglesa se trazó el mismo objetivo, pero no disponía de los equipos de hoy y además no consiguió llegar, porque se quedaron sin combustible y además la zona sigue siendo sumamente inhóspita. A veces en un día completo avanzamos sólo cinco kilómetros".

Las condiciones de la selva venezolana son muy duras y los tres expedicionarios checos las vivieron en carne propia.

Según narrara Vladimír Simek, una cosa es viajar a la selva por la que han pasado personas o que de alguna manera se encuentran habitadas por tribus indígenas. Lo fuerte es penetrar a la selva virgen, donde ni siquiera hay senderos ni mucho menos caminos.

"Constantemente estábamos mojados de pies a cabeza, muchas veces tuvimos que caminar por zonas llenas de fango. Teníamos botas altas, medias especiales y repelentes, pero no nos servían de mucho. Los mosquitos, las garrapatas, las avispas nos atacaban todo el tiempo. Entre las peores cosas estaban las hormigas que se les decía 24, porque su picadura afecta a la persona durante 24 horas. Oímos hablar de hormigas 48, pero, por suerte, a esas no las vimos"

Otro de los fieles acompañantes de los viajeros checos fueron las tarántulas que se les lanzaban desde arbustos y árboles. La fotógrafa Radana, contó que muchas veces tuvo que sacar con las manos montones de arañas, del tamaño de un puño humano, que literalmente dicho inundaban la lancha.

Sin duda uno de los momentos más dramáticos del viaje fue el accidente del camarógrafo Vladimír Simek. Había subido a un árbol para filmar pero la rama no soportó su peso y con todo y cámara se desplomó al río desde unos dos o tres metros de altura. La caída la amortiguó otra rama que se encontraba en el agua.

"Levanté la cámara sobre mi cabeza para que no se mojara, la rama que se encontraba en el agua frenó mi caída pero el impacto fue muy fuerte y me lesioné varias costillas. Recuerdo que me aseguré que la cámara estuviera bien, la puse en el estuche correspondiente y después me desmayé".

Los indígenas que les acompañaban creían que Simek estaba muerto y se pusieron muy nerviosos después comprendieron que se había desmayado y se decidió que era indispensable sacarlo de allí y buscar atención médica.

"Fue un rato bastante desagradable, porque a partir de ese momento la única preocupación de los compañeros de la expedición fue buscar atención médica.. Por las noches no podía dormir, y tenía miedo de haber sufrido alguna lesión interna. Tres días después me sentí un poco mejor, pero el médico más cercano se encontraba a siete días del lugar".

Todo salió bien, Vladimír Simek fue atendido por un médico y las lesiones se sanaron sin mayores problemas.

Los expedicionarios checos estuvieron en la selva un mes y medio y recorrieron unos tres mil kilómetros por lugares inhóspitos, definieron el lugar exacto donde el río Baria, afluente de Orinoco, se separa del río Maturaca, que continúa al Amazonas.

Surgió también un documental sobre el trabajo del pintor Jan Dungel, quien pintó decenas de cuadros de aves oriundas de las selvas venezolanas.

Pero como indicara el camarógrafo Vladimir Simek fueron documentadas las huellas checas en Latinoamérica.

18-08-2007