Frantisek Zenísek - pintor de la "generación del Teatro Nacional"

19-04-2006

Esta vez, amigos oyentes, les ofrecemos una semblanza del pintor checo Frantisek Zenísek, uno de los representantes de la llamada "generación de artistas del Teatro Nacional". Esos artistas participaron en la decoración interior del Teatro Nacional de Praga, obra arquitectónica única surgida a finales del siglo XIX que constituyó uno de los más importantes símbolos del resurgimiento nacional checo.

Frantisek Zenísek (Foto: CTK)Frantisek Zenísek (Foto: CTK) Un talento extraordinario y una gran laboriosidad. Así se puede caracterizar en breve al pintor checo, Frantisek Zenísek. En su obra prevalecen retratos y pinturas monumentales que reflejan acontecimientos de la historia nacional o escenas alegóricas. Zenísek dominaba las entonces modernas técnicas de la pintura europea influenciada por el neorenacimiento, a la vez que en su obra reflejaba siempre también el ambiente típico checo.

Para Zenísek, la pintura servía principalmente como instrumento para expresar su patriotismo, su profundo amor a su Tierra natal. Por ello no vaciló ni un sólo minuto y, en los años ochenta del siglo XIX participó en el concurso para la decoración de los interiores del Teatro Nacional.

Este sueño suyo se vio cumplido y se puede decir que, gracias precisamente a sus trabajos en el Teatro Nacional de Praga, Frantisek Zenísek se hizo inmortal. El techo del auditorio del teatro lo decoran ocho figuras alegóricas de mujeres que representan las ocho musas: La Lírica, La Épica, La Danza, La Mímica, La Música, La Escultura, La Arquitectura y La Pintura. Se trata de óleos en lienzo colocados posteriormente en el techo.

Zenísek fue autor asimismo del primer telón del Teatro Nacional pero éste, lamentablemente, fue destruido en 1882 por un incendio. Al artista se le pidió pintar un nuevo telón pero rechazó esta oferta por estar empeñado entonces en otras decoraciones del edificio. En las paredes de la sala de entrada al teatro aparecen por ejemplo pinturas alegóricas de Zenísek que reflejan la vida humana, la historia, el mito y el canto heroico. En el techo, a su vez, se encuentra un tríptico, conformado por las pinturas alegóricas "Decadencia", "Resurgimiento" y "Era dorada del arte".

Para Zenísek que, como dijimos, era un gran patriota, el trabajo en la decoración del Teatro Nacional significó la posibilidad de demostrar su maestría, así como de identificarse abiertamente con los ideales del resurgimiento nacional. Hay que tener presente que, en aquél entonces, las Tierras Checas formaban parte del imperio Austro-Húngaro y que la nación checa habría que librar todavía más que una batalla política para liberarse y crear su propio Estado independiente.

Frantisek Zenísek nació en Praga, el 25 de mayo de 1849. Provenía de una familia adinerada, su padre era un comerciante respetado. Al terminar los estudios básicos, Frantisek cumplió el deseo de sus padres y continuó estudiando en un liceo. Junto con ello, no obstante, comenzó a descubrir los secretos de la pintura que cada vez le gustaba más y más.

Tiempo más tarde abandonó el liceo y se dedicó plenamente al estudio de la pintura en Praga, Viena, así como en Bélgica e Italia. Gracias a ello, llegó a dominar las más importantes técnicas de la pintura europea de aquél entonces. Esto a su vez, le abrió a Zenísek en 1896 las puertas a la Academia de Artes Plásticas de Praga, donde llegó a desempeñarse largos años como profesor de pintura.

La vida de Frantisek Zenísek se acabó el 15 de noviembre de 1916 en Praga, su obra sigue presente en un sinnúmero de lugares y es admirada por personas del mundo entero.

Además del Teatro Nacional, Frantisek Zenísek participó en la decoración de varios otros edificios monumentales de Praga y fue autor de los proyectos para los vitrales de la iglesia de San Cirilo y San Metodio en el barrio Karlín de Praga. Realizó un sinnúmero de retratos, siendo considerado uno de los mejores retratistas checos de su época.

Para la obra de Frantisek Zenísek es característico el empeño por una forma exacta, mientras que los sentimientos y los colores son secundarios. Quizás por ello, los artistas de las generaciones posteriores que preferían la invención en el arte, le reprochaban esa rigidez de sus obras.

Sea como fuere a Zenísek, le corresponden méritos indudables en el desarrollo de la escuela de pintura checa de las postrimerías del siglo XIX y en los empeños por la identificación de la nación checa, a través del arte, con los ideales del resurgimiento nacional.

19-04-2006