“Chequia es para todos los gustos”

02-08-2016

Raúl Ricardo Odreman se llevó consigo a la República Checa un poco de su país al abrir el primer restaurante venezolano en Praga. En el espacio 'Praga Mía' compartirá con ustedes los mayores retos a la hora de emprender en Chequia y contará sus observaciones sobre la vida checa.

Raúl Odreman, foto: Dominika BernáthováRaúl Odreman, foto: Dominika Bernáthová La desconsolada situación en Venezuela impulsó al caraqueño Raúl Odreman, abogado de profesión, a tomarse “un año sabático” que le abrió casualmente el camino hasta el corazón de Europa, según nos cuenta.

“Este año sabático iba a ser el Camino de Santiago. Tenía un amigo en la República Checa y me replanteé un poco. Me dijo: ¡Vente a la República Checa y, a ver, qué oportunidades te puede dar acá de emprendimiento!”.

Raúl atendió el desafío, y hace dos años se instaló en la capital checa. En breve descubrió el hueco en el mercado gastronómico checo, y este año logró abrir la puerta de su propio negocio, según explica.

“Había una oportunidad, ya que no había aquí un restaurante de comida venezolana. Un venezolano nunca tenía en los últimos años la necesidad de migrar a otro sitio. El concepto de migrar va de la mano con la cultura y la comida. Como no emigraban, la comida venezolana no era tan conocida como otra comida latinoamericana. Es una comida con bastante carácter y personalidad y decidí tratar de montar esto acá”.

Montar un restaurante en el centro de la capital checa fue todo un reto. Raúl explica qué tareas resultaron las más arduas.

“Lo más complicado fue buscar un sitio que fuera céntrico y que se adecuara con el presupuesto que tenía. Súper complicada fue la parte de los papeles y permisos, en fin, un trayecto bastante difícil. Tardé un mes en obtener el permiso para poner la publicidad del local afuera, en un sitio visible para que la gente lo viera. Cuando lo abrimos, la gente no sabía donde estaba el local, y esperar un mes era mucho. Pero todo salió y aquí estamos”.

Captar el paladar checo

Arepas, cachacas y rones venezolanos atraen al restaurante una amplia comunidad latinoamericana, que va en aumento en Praga, apunta Raúl.

Restaurante colombiano en Praga, foto: Kristýna MakováRestaurante colombiano en Praga, foto: Kristýna Maková “Se acercan muchos venezolanos, hay cada vez más de los que llegan al país. Tenemos también muchas visitas de colombianos o ecuatorianos, ya que son comidas similares a la de su región con otros nombres u otras modalidades de comerlas. Para nosotros fue una sorpresa que la comunidad colombiana haya sido bastante asidua. Pensé que por ser la arepa colombiana, cuya manera de comer y servir es un poco diferente, ha tenido bastante aceptación. Fue una sorpresa”.

Las arepas representan una comida innovadora para el paladar checo, que no está muy acostumbrado a los productos de harina de maíz. El desafío actual es, por tanto, dar más difusión a estas delicias entre los checos, apunta el emprendedor.

“Hay checos que les gusta y repiten. Como no se conoce, la tarea es que la comunidad pruebe y que lo lleguen a probar. Estamos seguros de que cuando lo prueben, les gustará, ya que lo hacemos con cariño. La comida venezolana tiene mucha amplitud en cuanto a los sabores”.

La gastronomía no será la única representante de Venezuela, ya que están por llegar también diversos eventos culturales y espacios de debate en español.

“Es un mito que los checos son cerrados”

En cuanto al carácter de los checos, Raúl no está de acuerdo con la definición general.

“Pienso que es un poco mito cuando la gente te dice que los checos son unas personas cerradas. Mi experiencia particular es que son personas muy abiertas, lo que me ha tocado con la familia de mi esposa, que me ha aceptado mucho”.

El tubo en Praga, foto: archivo de Radio PragaEl tubo en Praga, foto: archivo de Radio Praga Viniendo de Caracas, lo que más aprecia en la capital checa es lo que extrañaba en su ciudad natal.

“Es un país que tiene mucha seguridad y nosotros los latinoamericanos buscamos sentirnos seguros. Es un país de excelencia en el transporte público, que creo que es una de las cualidades de los países desarrollados. Es un país que tiene prácticamente todo. A veces uno dice que no hay playas, pero tienes la oportunidad de irte a unos lagos con arena a 30 minutos de Praga. Hay para todos los gustos”.

Raúl aprecia asimismo la cantidad de áreas verdes, de las que presume la capital checa, así como la agenda cultural.

“Una de las cosas que me han impresionado que en una plaza o en una estación de tren tú tengas la posibilidad de intercambiar libros y tener unas bibliotecas en las mismas estaciones. La primera vez que lo vi me impresionó”.

El agua checa es muy buena”

Lo que más disfruta en su tiempo libre son las excursiones para ir conociendo lo que él mismo llama “el agua checa”.

Foto ilustrativa: Eva Odstrčilová, ČRoFoto ilustrativa: Eva Odstrčilová, ČRo “Me gusta visitar las fábricas de cervezas artesanales, las que están afuera de la ciudad, que no son tan típicas. Tengo una lista y trato de ir todos los domingos visitar todas las cervecerías artesanales. Es un ritual de probar el agua checa, que es muy buena”.

Raúl echa de menos su país y sostiene que la naturaleza de su gente contribuirá al comienzo de un capítulo más positivo.

“El país no está en el mejor momento, hay gente muy buena, profesional muy emprendedora, positiva y muy echada para adelante. Vaya donde vaya, trata de destacar por sus actitudes y cualidades. Entonces, esto va a ser que el país más tarde o más temprano va a salir adelante y entre una luz al pueblo”.

Mientras tanto, Raúl seguirá mostrando en Praga la cara más positiva de su país.

02-08-2016