Las obleas de balneario: la delicia y fineza checa

20-07-2018

Las obleas de balneario son uno de los platos tradicionales y populares que acaban seduciendo a la mayoría de los visitantes de las ciudades-balneario de Chequia.

Foto: Eva TurečkováFoto: Eva Turečková Desplegar el envoltorio de celofán y oír un crujido frágil. Ese es el sonido típico que se escucha al pasear bajo las columnatas de las ciudades termales checas. Se trata de una delicia a primera vista sencilla, pero a la que no se resiste ningún paladar goloso: dos masas finas redondas y crujientes, hechas de harina y agua termal, y empolvadas por dentro de una mezcla de azúcar, nueces y especias. Se trata de las obleas de balneario (lázeñské oplatky) y esos son sus ingredientes tradicionales. Sin embargo, en la actualidad uno se puede encontrar un sinfín de sabores, como cuenta la señora Iveta, vendedora en una de las tiendas de la a ciudad termal de Karlovy Vary.

“Tenemos 17 tipos de sabores de obleas y tres de aquellas que tienen forma de triángulo – chocolate, cacao, praliné. Luego tenemos una novedad, obleas de agua cien por ciento termal y esas son de almendra, avellana, canela y vainilla. El corpus es un poco más salado, pero el relleno es igual“.

Foto: Eva TurečkováFoto: Eva Turečková Sobre los sabores más exóticos nos cuenta la señora Jana, de la tienda de al lado.

“¿Las no tradicionales? Se trata de las obleas de sabor guindo, café argelino, chile, o el duo, eso es una oblea con doble capa y relleno de avellana y chocolate a la vez. Esas se venden mucho, son muy ricas”.

La señora Jaroslava vino a Karlovy Vary desde Pilsen, ciudad al oeste de Chequia, especialmente para disfrutar de una oblea caliente recién hecha, que se sirve en estas tiendas y a los transeúntes se la dan directamente en la mano.

“Tomé una oblea caliente y probé varios sabores, y pues, eso fue el objetivo principal por el que vine. Durante todo el año estaba ilusionada con ir. Estoy completamente satisfecha. La mejor oblea fue la clásica, de vainilla, pero también la de avellana, calentita, para acompañar un café, eso es un sueño”.

Obleas a la conquista de los paladares extranjeros

Foto: Eva TurečkováFoto: Eva Turečková Las obleas no tienen sus simpatizantes solamente entre los checos, suelen ser también el plato predilecto de los turistas que llegan para conocer las bellezas de las ciudades-balneario. Una vez que la prueban, la mayoría queda atrapada por su ahuecada levedad y sabor delicioso.

“Vienen mucho los alemanes, los rusos, muchos extranjeros que llegan visitan la tienda, ya que las obleas son muy buenas, y además de eso creo que las obleas son también un bonito regalo de recuerdo.”

De las hostias a las obleas de balneario

No se sabe mucho acerca de la historia de las obleas, pero se supone que su precursor fueron las hostias, de las que posteriormente se desarrollaron. Las obleas diferían de la actuales, ya que simplemente se espolvoreaban con azúcar y se producían sobre todo para el consumo de los huéspedes de los balnearios. Más tarde los cocineros fueron modificando y aumentando las capas y añadieron más tipos de relleno.

Foto: Eva TurečkováFoto: Eva Turečková

Foto: Eva TurečkováFoto: Eva Turečková El origen de esta delicia de los balnearios checos se remonta al siglo XVIII, aunque su producción industrial comnezó en el transcurso del siglo XIX. Los fundadores de la primera empresa de obleas fueron la familia alemana Bayer, como contó a Radio Praga el historiador Martin Franc.

“Los inicios de la producción industrial se remontan a los años 50 del siglo XIX. Ya en aquella época se empezó a ofrecer la oblea como un producto para los huéspedes de los balnearios. Fue concebida como un postre apropiado para los convalescientes, ya que las obleas eran un producto ligero, pero a la vez ayudaban a renovar el apetito de los pacientes. Las primeras se rellenaban solo con azúcar y eran de una capa. Poco a poco se empezaron a fabricar también las de dos capas y se les empezó a poner relleno de diversos tipos, de avellana, almendra, etc. Rellenar las obleas de chocolate o bañarlas enteras, eso ya es una cuestión del siglo XX”.

Foto: Eva TurečkováFoto: Eva Turečková Durante el comunismo la producción de las obleas pasó de los propietarios privados a manos del Estado, sin embargo la producción no se vio alterada, apunta Martin Franc.

“Entre los años 70 y 80 se trató de un producto que tuvo mucho éxito, le iba muy bien, ya que había gran demanda de parte de los visitantes extranjeros, lo cual fue de gran importancia en aquél entonces. Tras la caída del régimen en el año 1989, dejó de existir un productor central y comenzaron arduos debates acerca de quién es el heredero autorizado, cuáles son o no los sabores originales, qué es aceptable y qué no, y qué ingredientes es posible añadir”.

En vista de que la competencia en el mercado laboral aumentaba, y la producción de las obleas se expandió también fuera del país, por ejemplo a Alemania o Polonia, la República Checa trató de que las obleas recibieran la denominación de origen de parte de la Unión Europea, lo cual acabó con éxito.

Los balnearios que suelen ser el destino favorito de los visistantes son la ciudad termal de Karlovy Vary, conocida como Karlsbad, la de Mariánské Lázně conocida bajo la denominación de Marienbad, y Františkovy Lázně. En todos, y en muchos más los visitantes pueden hacerse tratamientos curativos y sumergirse en las delicias de las obleas de balneario checas.

20-07-2018