El primer Museo de la Gastronomía del país se encuentra en Praga

Foto: Alan Pajer, Archivo del Museo de la Gastronomía

Los secretos de la gastronomía, la alimentación y el servicio de mesa se pueden descubrir en el Museo de la Gastronomía, inaugurado en Praga en mayo de 2012. Además de muestras de cocinas históricas y contemporáneas, conjuntos de porcelana, servicios y libros de cocina, el visitante se entera de la historia de la producción del vino y la cerveza.

Foto: Ivana Vonderková
El Museo de la Gastronomía se encuentra muy cerca de la céntrica Plaza de la Ciudad Vieja de Praga y de la iglesia de Santiago. Se trata del primer museo de su género en la República Checa. Además de presentar objetos de cocina históricos, la idea fue dar a conocer el modo de cocinar de nuestros antepasados y mostrar todo lo relacionado con la gastronomía.

La mayoría de los visitantes quedan admirados ya cuando se acercan al museo, porque éste tiene su sede en un edificio cuya historia se remonta varios siglos atrás, según cuenta su directora, Nina Provaan Smetanová.

Foto: Alan Pajer,  Archivo del Museo de la Gastronomía
“Las primeras informaciones que existen sobre el edificio datan de 1401, cuando la casa estaba en venta, lo que significa que ya se encontraba en el lugar algún tiempo. Se estima que originalmente vivió aquí un cocinero o un pescador, pero nunca se confirmó. Yo creo que el propietario debió ser un cocinero, porque hasta el presente se siente aquí ese aire especial que rodea a los cocineros. Incluso cuando hemos montado en el museo las antiguas cocinas, el trabajo avanzaba bastante rápido y fue seguramente porque nos ayudó el alma de ese cocinero”.

Nina Provaan Smetanová,  foto: Ivana Vonderková
Reunir las muestras para el museo llevó unos tres años ya que, además de la gastronomía checa, el proyecto contaba con reflejar la historia de la cocina y la gastronomía de otros países de Europa, así como la relación del hombre hacia la preparación de la comida, explica la directora del museo, Nina Provaan Smetanová.

”La línea central es la historia de la forma de preparar comida, desde las fogatas, pasando por la cocina renacentista, la llamada cocina negra que fue más bien una estufa con chimenea abierta, las primeras cocinas de leña y gas hasta las modernas, de inducción. Además, presentamos el desarrollo de los muebles de cocina, la historia de la cerveza, el vino y los destilados. También damos a conocer a los mejores especialistas del sector europeos de la historia, el desarrollo de los cubiertos y el servicio de mesa, en fin, todo lo que compone el arte de la gastronomía”.

Foto: Archivo del Museo de la Gastronomía
El recorrido por el Museo de la Gastronomía, en Praga comienza en la Prehistoria. Nina Provaan Smetanová muestra varias pinturas que retratan aquella época, así como instrumentos y réplicas de fogatas en la naturaleza.

”Aquí damos a conocer a los visitantes que en esa época, la gente conocía el fuego, pero todavía no sabía encenderlo. Lo utilizaba para protegerse de los animales y para no sufrir frío. Tendrían que pasar otros 100.000 años para que las personas comenzaran a utilizar el fuego en la hoguera abierta para cocinar, para asar la carne por ejemplo. Mucho más tarde todavía aprendieron a prender el fuego y en el museo tenemos una réplica de un instrumento que servía para ese fin. El hombre entonces utilizaba poco los recipientes para cocinar y prefería asar la carne o cocinar en un agujero bajo tierra”.

Foto: Martina Schneibergová
De esa forma se cocinaba durante mucho tiempo, en la era de hielo y otras y recién en la Edad del Hierro se comenzaron a utilizar recipientes de cerámica para cocinar.

Sin embargo, todavía en el Medioevo se cocinaba a fuego abierto y no fue hasta en el Renacimiento que comenzó el desarrollo de un nuevo tipo de cocinas y más tarde también comenzaron a fabricarse cocinas con chimenea. En aquel entonces se registró igualmente un boom de instrumentos y utensilios de cocina y recipientes, lo que fue patente en especial en las cocinas palaciegas.

Las salas que servían de cocina comenzaron a extenderse y también el número de cocineros en los palacios. En una de las reproducciones en el museo aparece una de las cocinas palaciegas en Italia, donde unas 150 personas se dedicaban a la preparación de la comida.

Foto: Ivana Vonderková
El museo dispone de una de las estufas que se utilizaban en el Renacimiento y que con el paso del tiempo fueron perfeccionándose, al igual que los instrumentos de cocina. Hay en el lugar un molinillo de café, unas pesas y una olla a presión del siglo XIX, antiguos cuchillos, así como modelos en miniatura de salas de cocina que servían para jugar o eran muestras para coleccionistas.

Avanzando, se abre ante los visitantes un antiguo comercio de alimentos, una taberna y un bar donde se enterarán de la historia y el presente de la fabricación del vino y los destilados en la República Checa.

Foto: Alan Pajer,  Archivo del Museo de la Gastronomía
Y, naturalmente, siendo Chequia un país de cerveza, no puede faltar una réplica de una cervecería, según sostiene la directora del museo.

”Aquí pueden conocer una típica cervecería popular de comienzos del siglo XX, de las que había muchas en los distintos barrios de Praga. La chopera de cerveza es funcional y también tiene más de 100 años de antigüedad. Las reproducciones en las paredes muestran cómo había que abrir correctamente un barril de cerveza. Éste se cerraba luego con un corcho que frecuentemente caía dentro del barril”.

Foto: Ivana Vonderková
Lamentablemente, para probar una cerveza, habrá que ir a otro lugar, ya que en el museo la cerveza en los vasos es artificial. Y, para superar las ganas de tomar esa bebida espumosa, nuestra guía nos invita a subir al primer piso, por unas antiguas escaleras de madera.

Al subir al primer piso, llegamos a conocer la historia de varios destacados cocineros o autores de libros de cocina europeos, como por ejemplo Guillaume Tirel, llamado Taillevent, quien trabajó en la corte real de Francia en el siglo XIV, el italiano Bartolomeo Scappi, quien fue cocinero papal, o el francés Brillat-Savarín, autor del primer tratado de gastronomía, en 1825 y quien aseguraba que ‘solamente el hombre de espíritu sabía comer’.



Foto: Martina Schneibergová
En las vitrinas se pueden admirar antiguos libros de cocina tanto del país como del exterior, algunos del siglo XV y también la primera publicación del año 1826 de las recetas de la checa Magdalena Dobromila Rettigová, cuyos libros hasta hoy gozan de gran popularidad entre las amas de casa de este país.

En otra sala nos enteramos de la historia de los cubiertos y el servicio de mesa y conocemos diversos tipos de cubiertos, desde los de plata hasta los más recientes de plástico. La directora del museo Nina Provaan Smetanová, comenta igualmente que la regla de que el comensal debe tener el tenedor en la mano izquierda y el cuchillo en la derecha se remonta al siglo XIX.

Foto: Martina Schneibergová
Los visitantes llegan a conocer asimismo las costumbres alimenticias y de servir la mesa de los checos durante el comunismo, así como de interesantes concursos de cocina que se organizaban en ese período histórico.

En el primer piso del museo espera al visitante también una gran sorpresa en forma de una cocina moderna en la que, naturalmente, se puede cocinar y que cuenta con equipos de los más sofisticados.

Por ejemplo, con un grifo, en el que el agua que sale cambia de color. Si el agua está fría, tiene color azul, cuando está tibia, su color cambia a violeta y cuanto está caliente, el agua que sale del grifo es de color rojo. Y también hay allí una nevera que habla e informa a su dueño sobre sus funciones.

La directora del museo, Provaan Smetanová, dice estar muy orgullosa por el gran interés de parte de los turistas. Luego se queda pensando un rato y afirma que le costaría tener que destacar y recomendar la sala que más vale la pena visitar en el museo.

“Es difícil, porque todo aquí lo considero interesante. Tanto los documentos y fotografías, como los diferentes obsequios y equipos de cocina. Especial alegría me provoca el ambiente que reina aquí. Aprecio que a los visitantes les guste la exposición, que muchos nos agradecen que les hayamos permitido volver a los recuerdos de su infancia, a la casa de sus abuelos, por ejemplo. Igualmente me place que el museo sirva como un centro educativo. Tanto adultos como alumnos de escuelas se enteran aquí de cosas de gastronomía que, de otra manera, tendrían que buscar en enciclopedias”.

El Museo de la Gastronomía en Praga tiene muchos planes también para el futuro, como degustaciones de destilados de frutas y plantas checos, visitas especiales para escolares y encuentros temáticos dedicados a distintos cocineros y acompañados con degustaciones de platos de sus recetas.