En el palacio de Brandýs dejaron sus huellas los artífices de la política europea

29-01-2005

Cuando nos acercamos a la ciudad de Brandýs, situada en los alrededores de Praga, desde lejos avistamos la altísima torre de su palacio, cubierta por relucientes tejas vidriadas que forman un vistoso mosaico. La torre que resplandece al sol entre las copas de los añejos árboles del parque palaciego, parece salida de un cuento de hadas. Y como en un auténtico cuento de hadas, en el interior del palacio renacentista de Brandýs encontramos las huellas de la presencia de emperadores, emperatrices, príncipes, princesas y otros augustos personajes. Hasta 1918, el palacio de Brandýs fue la sede estival de la familia imperial de los Habsburgo.

El palacio de Brandýs, foto: Martina SchneibergováEl palacio de Brandýs, foto: Martina Schneibergová Las puertas del palacio de Brandýs se han franqueado al público sólo hace unos años. Al entrar en su patio notamos el trajín de los obreros que trabajan en la restauración de este monumento, tan maltratado por las vicisitudes históricas del siglo 20.

La Sinfonía Triumfal de Federico Smetana, dedicada a la coronación de uno de los Habsburgo, nos sirve de introducción a la historia del palacio de Brandýs cuyos destinos estuvieron vinculados durante siglos a esa Casa imperial.

Las tierras checas se incorporaron al imperio de los Habsburgo en el siglo 16. Entre 1547 y 1918 casi todos los monarcas de la Casa de Habsburgo visitaron por lo menos una vez el palacio renacentista de Brandýs que se yergue en un promontorio sobre el río Elba.

Rodolfo IIRodolfo II Las fiestas más animadas y los banquetes más opulentos tuvieron lugar en este palacio y en su jardín cuando se hospedaba en sus recintos el emperador Rodolfo II que reinó entre 1583 y 1612.

A la época rudolfina se remontan los espléndidos esgrafiados que decoran los muros del palacio. El más primoroso de ellos representa al emperador Rodolfo en el momento de recibir regalos que le entregan los mensajeros de un monarca oriental. En la escena podemos contemplar un elefante, uno de los regalos del exótico rey oriental.

En los muros de las demás alas del palacio que rodean el patio, están representadas pintorescas escenas de caza ya que los soberanos Habsburgo se hospedaban en Brandýs para salir a cazar en los bosques cercanos.

La extensa área forestal que se extiende en la margen derecha del Elba al este de Brandýs, se llama hasta hoy en día los Bosques Imperiales. Es entonces a los Habsburgo que los praguenses deben la posibilidad de pasearse los fines de semana en bosques tan cercanos a la capital y donde hasta pueden recoger setas.

En los bosques de Brandýs se cazaba desde el siglo 14. Cuando el emperador Fernando I de Habsburgo adquirió en 1547 el feudo de Brandýs, la administración de los Bosques Imperiales se centró en aumentar los efectivos de la caza. El gerente de los bosques estaba subordinado directamente al montero mayor del emperador. Tenemos noticias de que entre los años 1549 y 1550 el emperador intentó introducir en los bosques de Brandýs los uros. El intento fracasó. Los animales devastaban los campos en las aldeas cercanas.

Fernando I de HabsburgoFernando I de Habsburgo La explotación cinegética de los Bosques Imperiales culminó durante el reinado del emperador Rodolfo II que visitaba muy a menudo el palacio de Brandýs. El monarca mandó construir en los bosques palacetes y chalets de caza y fundó un coto de lobos.

Recorriendo hoy en día los Bosques Imperiales podemos visitar un lugar llamado Zelená bouda- Barraca Verde en español. Rodolfo II fundó muchas "barracas verdes" que servían de abrigo a los cazadores. En los bosques mandó instalar pesebres con pienso y sal para la caza y en Brandýs dos perreras.

Durante el reinado de Rodolfo II los Bosques Imperiales estaban rodeados por una cerca que se extendía desde la ciudad de Lysá nad Labem hasta Cakovice, hoy una localidad praguense. Ambas localidades distan más de 25 kilómetros.

Durante la Guerra de los Treinta Años, en el siglo 17, los Bosques Imperiales de Brandýs entraron en un declinio. Las animadas cacerías volvieron a esa área forestal de 6 mil hectáreas en el siglo 18.

Cuando el emperador Carlos VI y su esposa Isabel Cristina visitaban Bohemia, tomaban parte en cacerícas de gran envergadura en los bosques de Brandýs.

Presten atención, amigos: en la cacería que tuvo lugar el 30 de junio de 1721 desde las diez de la mañana hasta las tres de la tarde la emperatriz Isabel abatió 57 ciervos, 11 ciervas y 4 cervatos.

Estos números reflejan la abundancia de caza en los Bosques Imperiales. Dos años después, cazó en el área forestal de Brandýs en vísperas de su coronación como rey checo el emperador Carlos VI. La cacería duró cinco días y fueron abatidos 195 ciervos, 41 ciervas, 21 cervatos, 314 gamos, 354 jabalíes, además de zorros y liebres.

En una de las cámaras del palacio de Brandýs está colgado un retrato del aristócrata checo Adán Francisco de Schwarzenberg, víctima de la pasión cinegética de los Habsburgo.

En junio de 1732 el emperador Carlos VI hirió de un tiro al noble checo en una cacería en los bosques de Brandýs. Adán Francisco de Schwarzenbeg fue trasladado al palacio de Brandýs donde expiró en el aposento del portero.

Como recompensa por haber matado al jefe de la familia aristocrática de los Schwarzenberg, Carlos VI elevó a ese linaje al rango de príncipes. Algunos se aventuraron a afirmar que el emperador hubiera abatido al infortunado noble checo de manera premeditada ya que profesaba tiernos sentimientos hacia la esposa del fallecido, Eleonora Amalia de Lobkowitz.

La emperatriz María TeresaLa emperatriz María Teresa En uno de los salones del palacio de Brandýs se exhiben los retratos de los monarcas de la Casa de Habsburgo. No falta, obviamente, el de la emperatriz María Teresa. Cuando tenía seis años, en el palacio de Brandýs le fue presentado su futuro esposo, Francisco de Lorena.

En 1813 se celebró en Brandýs una cumbre antinapoleónica. En el palacio se dieron cita el zar ruso Alejandro I, el emperador austríaco Francisco I, el rey de Prusia, Guillermo III y el comandante en jefe de las tropas de la coalición antinapoleónica, el príncipe Carlos de Schwarzenberg.

Desde 1860 hasta 1915 el palacio de Brandýs fue propiedad de la rama toscana de los Habsburgo. Gracias al esfuerzo de la actual administración del palacio podemos visitar los aposentos que habitaban los miembros de esa rama, tal diferente del principal tronco de la Casa de los Habsburgo. Para nuestra sorpresa, hemos podidos recorrer los salones habitados en el pasado por un Habsburgo aventurero, playboy y... bisexual.

¿Cómo se llama esa oveja negra de los Habsburgo?

Luis Salvador de Toscana.

El palacio de Brandýs, foto: VitVit / Creative Commons 3.0 UnportedEl palacio de Brandýs, foto: VitVit / Creative Commons 3.0 Unported Antes de hablarles sobre este personaje fuera de lo común, les contaremos cómo llegaron los Habsburgo a Toscana, una región situada en Italia.

En 1737 el esposo de la emperatriz María Teresa, Francisco de Lorena, cambió su Lorena natal por Toscana. Desde entonces reinaron en ese rico Estado italiano los segundones de la Casa de Habsburgo.

En 1859, al iniciarse el proceso de la unificación de Italia, los Habsburgo tuvieron que abandonar Toscana y su sede en Florencia. En el exilio se establecieron en Salzburgo y en Brandýs. El palacio de Brandýs fue la sede predilecta de los Habsburgo de Toscana.

El palacio de BrandýsEl palacio de Brandýs El archiduque Luis Salvador de Toscana nació en 1847 en Florencia. Cuando su familia tuvo que abandonar Toscana, se trasladó con ella a Brandýs. Estudió en la Universidad Carlofernandina, en Praga. Era viajero, naturalista y escritor, siendo autor de una cincuentena de libros de viajes.

Su obra principal se llama"Die Balearen"- "Las Baleares". Se trata de un libro de tres voluminosos tomos, como hemos podido constatar durante nuestra visita al palacio de Brandýs. La actual administración del palacio ha logrado que la biblioteca de Luis Salvador de Toscana volviera a Brandýs. También se ha recuperado una parte de las colecciones naturalistas del aristócrata que se exhiben ahora en el palacio.

Luis Salvador de Toscana era un trotamundos que dominaba 16 lenguas. No dejó descendiente legítimo alguno, pero sí unos 150 hijos naturales en todo el Mediterráneo y también en la propia ciudad de Brandýs. Según nos contó el guía, los descendientes de sus hijos naturales en Mallorca han formado dos clubes.

El archiduque Carlos y su esposa Zita (1911)El archiduque Carlos y su esposa Zita (1911) Luis Salvador de Toscana era bisexual. En su testamento estaableció como heredero del palacio de Brandýs al gerente de sus posesiones que era al mismo tiempo su amante homosexual. El aristócrata falleció en Brandýs en 1915, víctima de una enfermedad tropical.

Su testamento no era válido ya que una ley estipulaba que Brandýs podía ser sólo propiedad de un Habsburgo. De esta manera, desde 1917 hasta 1918 el palacio perteneció al último emperador austro-húngaro, Carlos I.

El emperador Carlos IEl emperador Carlos I Antes de ceñir la corona imperial, Carlos I había llegado a la ciudad de Brandýs como un joven teniente de dragones para prestar servicio en el cuartel local. En el palacio de Brandýs vivió tres años después de su boda con Zita de Parma - Borbón. La emperatriz Zita se referiría después en sus memorias a la estancia en el palacio de Brandýs como a los días más felices de su vida.

Los turistas pueden visitar el ala del palacio habitada a principios del siglo XX por Carlos y Zita. En uno de los salones cuelga su foto nupcial que tiene una curiosa historia. Hace poco una señora de Brandýs contó a sus vecinos que poseía una interesante fotografía. El rumor llegó a la administración del palacio que se apresuró a adquirirla y a exhibirla en uno de los salones que habían hospedado al futuro emperador Carlos I y su esposa Zita.

El relieve 'Adoración de los Reyes' elaborado para el emperador Rodolfo II (antes de 1611)El relieve 'Adoración de los Reyes' elaborado para el emperador Rodolfo II (antes de 1611) ¿Cómo llegó la foto nupcial a las manos de aquella vecina de Brandýs? Ello tiene mucho que ver con la gran historia: en otoño de 1918 se desmoronó el imperio austro-húngaro. El 28 de octubre de 1918 fue proclamada la República Checoslovaca independiente. Todas las posesiones de la Casa de los Habsburgo en Checoslovaquia fueron expropiadas por el Estado.

El ex emperador Carlos I solicitó al parlamento checoslovaco que se le dejase por lo menos el palacio de Brandýs por ser su propiedad personal, pero su solicitud fue rechazada.

Cuando el palacio fue estatizado en 1918, el personal que había servido al emperador, pudo llevarse como recuerdo algunos pequeños objetos. De esta manera la foto nupcial de Carlos I y de Zita llegaron a parar a las manos de un antepasado de la citada vecina de Brandýs.

El palacio de Brandýs, foto: VitVit / Creative Commons 3.0 UnportedEl palacio de Brandýs, foto: VitVit / Creative Commons 3.0 Unported En 1919 se consideró la posibilidad de convertir el palacio de Brandýs en la sede estival del primer presidente checoslovaco, Tomás Garrigue Masaryk. El presidente acabó por decidirse por el palacio de Lány y en el de Brandýs se instaló la administración estatal de los bosques que permanecería en sus recintos hasta 1995.

En una de las cámaras del palacio se exhiben dos cabezas de ángeles esculpidas en mármol. Es lo único que ha quedado del primoroso altar de mármol de Carrara, instalado otrora en la capilla palaciega.

En 1952, las autoridades comunistas locales, impulsadas por el odio hacia la religión, desmantelaron la capilla y destrozaron el altar a martillazos. Alguien recogió las cabezas de mármol y posteriormente las donaría al museo de la ciudadd de Brandýs.

Tomando en cuenta los estragos que la antigua sede estival de los Habsburgo sufrió a lo largo del siglo XX, tenemos que admirar el esfuerzo del ayuntamiento de Brandýs, actual propietario del palacio, que trata de devolverle el antiguo esplendor. El visitante sale del palacio de Brandýs deslumbrado por las huellas que dejaron en sus recintos los artífices de la política europea en los pasados cinco siglos.

29-01-2005