Museo de la Bailía en la ciudad de Koprivnice

21-06-2003

La ciudad morava de Koprivnice es famosa por la empresa Tatra, el tradicional fabricante checo de vehículos de carga y especialista en camiones todo terreno. Sin embargo, los interesados en la historia y los monumentos de la ciudad pueden visitar el Museo de la Bailía que documenta la población de ese lugar desde la Edad de Bronce.

Museo de la Bailía, foto: Michal Maňas, CC BY 3.0 UnportedMuseo de la Bailía, foto: Michal Maňas, CC BY 3.0 Unported En el Medioevo, el baile fue el juez de ciertos pueblos del señorío que fallaba en primera instancia y la bailía fue la sede donde residía, su cargo y jurisdicción, explica Irena Hyklová, del Museo de la Bailía de Koprivnice.

"La bailía fue un cargo hereditario. El baile poseía amplias competencias y privilegios que lo incluían en la nobleza inferior. Funcionaba también como administrador del territorio que le fue encomendado, pero su principal tarea era desempeñarse como juez. En el patio de nuestro museo hay un tilo debajo del cual el baile decidía sobre la condena y donde la sentencia era ejecutada. Hasta el presente el visitante puede ver las cadenas en las que el súbdito era castigado".

Irena Hyklová informa que el Museo de la Bailía está abierto desde el año 1990.

Museo de la Bailía, foto: Zdeňka KuchyňováMuseo de la Bailía, foto: Zdeňka Kuchyňová "Surgió con apoyo de la empresa Tatra. El edificio estaba en muy mal estado. Fue construido de madera a mediados del siglo XIX y su historia está estrechamente vinculada con el fundador de la fábrica Ignác Schustala. Nació en Koprivnice en 1822 y estudió en Viena, conocida por la producción de carrozas y calesas de alta calidad. Cuando regresó a su ciudad natal, pidió a su hermano, el baile Jan, si podía empezar a producir carrozas en su bailía. La primera fue construida en 1850, precisamente en el patio de lo que hoy es el Museo".

Esto lo recuerda una exposición permanente instalada en el Museo. Irena Hyklová apunta que los visitantes pueden admirar varias piezas de carrozas y un sinnúmero de fotografías de sus calesas y catálogos de la producción de Ignác Schustala.

"Ignác Schustala fabricaba más de cien tipos de carrozas abiertas, calesas de caza, diligencias, trineos, cupés ligeros y vehículos de mudanzas. En el pajar está la carroza Herkules, una típica carroza rusa con grandes ruedas, una guarnición alta y una suspensión elástica que a veces prestamos a las compañías fílmicas que ruedan películas históricas. En la exposición destaca también un tablón de la fábrica de Ignác Schustala, pintado en cuero de búfalo con inscripciones en alemán, ruso y francés".

Foto: Zdeňka KuchyňováFoto: Zdeňka Kuchyňová La producción de carrozas y calesas empezó a disminuir en los años setenta del siglo XIX en relación con el desarrollo del transporte ferroviario. También Ignác Schustala se puso a fabricar vagones de tren. Y terminó en 1897 cuando Ignác Schustala construyó el "Presidente", primer automóvil en el Imperio Austro-húngaro.

Pero la ciudad de Koprivnice, no es sólo producción de carrozas y la industria automotriz, advierte Irena Hyklová, del Museo de la Bailía.

"La industrialización se inició en la ciudad en 1812 cuando Ignác Raska fundó una fábrica de lozas y artículos de arcilla. Primero Raska producía platos, fuentes, jarros y tazas de barro. Diez años más tarde amplió su surtido de artículos de loza fina y de cerámica pintada. Su producción alcanzó en los años treinta del siglo XIX hasta 120 mil piezas al año. Desde mediados del siglo se especializó en la confección de baldosas, azulejos y losas, desde finales del siglo fabricaba también estufas de azulejos".

Foto: Zdeňka KuchyňováFoto: Zdeňka Kuchyňová Las baldosas, los azulejos y las estufas de Ignác Raska fueron conocidos en toda la monarquía austro-húngara. En 1962, después de 150 años de existencia, la fábrica fue cancelada. En el Museo de la Bailía están expuestos varios azulejos de esa fábrica.

Irena Hyklová señala que parte de la exposición está dedicada a las personas famosas de Koprivnice, exhibiéndose sus fotografías y objetos.

"Entre los más famosos figuró el pintor Zdenek Burian, conocido en el mundo por sus reconstrucciones pictóricas de la prehistoria, de los mamuts, dinosaurios y otros saurios. En Koprivnice nació el campeón olímpico Emil Zátopek, corredor a larga distancia que consiguió cinco veces medalla de oro. De aquí son también el piloto de automóviles Josef Vermirovský que hizo famosos en el mundo los coches Tatra, así como su esposa, la gimnasta que ganó una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936".

La primera exposición que el visitante ve al entrar en el Museo de la Bailía es la que documenta la población prehistórica y medieval de la ciudad de Koprivnice y sus cercanías, precisa Irena Hyklová.

"Se exponen hallazgos arqueológicos del cercano castillo gótico Sostýn, fundado a finales del siglo XIII, pero del que hoy en día quedan solamente ruinas. Hay flechas, cuchillos, lanzas, espuelas, armaduras y objetos de uso cotidiano necesarios para la vida en un castillo. Está la Venus de Sostýn, una preciosa estatua de marfil, de principios del siglo XIV. Pero la verdadera joya arqueológica es un tesoro de bronce de mediados del siglo VIII antes de nuestra era, descubierto en 1956".

El tesoro es testimonio de que el territorio en el que hoy se encuentra Koprivnice fue poblado ya en la Edad de Piedra. Fue un territorio estratégico porque por allí cruzaba una ruta comercial que unía el Báltico y el Mediterráneo. El lugar está vinculado también con las tribus celtas que lo habitaban en el segundo siglo antes de nuestra era.

Las raíces de la ciudad de Koprivnice se remontan al siglo trece. ?Y de dónde viene la denominación de Koprivnice que deriva de la palabra checa "kopriva", "ortiga" en español? Una leyenda reza que en las orillas del arroyo que pasa por la ciudad abundaban las ortigas. Pero se dice que el nombre de Koprivnice proviene también de la palabra "pokrivnicka" que apunta que el cauce del arroyo era serpenteado, o sea, "pokrivený".

De todas formas, los turistas que durante su viaje a Koprivnice visiten el Museo de la Bailía, podrán deleitarse con un cuadro de música en la que está plasmada la Virgen María de Svatý Hostýn, de principios del siglo XIX que toca dos canciones populares checas a la vez.

21-06-2003