Ostrava, nacida de carbón

26-02-2005

"El corazón de acero de la República", "Klondike moravo", "la ciudad negra". Si nos estuviera escuchando ahora algún oyente checo, adivinaría en este momento a dónde viajamos esta vez. Y muy probablemente se golpearía la frente al averiguar la decisión de visitar esta ciudad. ¿Qué va a buscar allí? ¡No es una ciudad para turistas! No les vamos a intrigar más, amigos. Hoy les llevaremos a la metrópoli de Moravia del Norte, Ostrava.

No se alejen de los ordenadores, amigos, ante todo los que se interesan por los monumentos técnicos. Trataremos de convencerles de que vale la pena pasar las cinco horas en tren o casi cuatro horas en coche o una hora en avión, lo que tarda el viaje de Praga a Ostrava.

Eva, ¿qué te has puesto en la cabeza?

¿No te gusta mi casco? Creo que me sienta muy bien.

¿Y qué es lo que tienes en las manos?

Una maza y un martillo, dos instrumentos imprescindibles para un minero. Me han prestado también esta bonita linterna de gasolina que se llamaba "vetérka" - en español sería "vientecita", que indicaba la presencia de metano y de dióxido de carbono en la mina. La denominaban también con la palabra "sicherka", derivada del adjetivo alemán "sicher" - "seguro". Como estamos en Ostrava, supongo que ¿vamos a extraer carbón negro?

Tengo que desengañarte, Eva. La última carga de carbón fue extraída en el territorio de la ciudad de Ostrava el 30 de junio de 1994.

¡Qué pena! ¿Dónde iniciaremos, entonces, nuestra visita?

A mí me gusta mirar el mundo desde las alturas. Propongo empezar en la torre del Ayuntamiento Nuevo de Ostrava. En el año 1999 fue instalada en la plaza del Ayuntamiento una fuente con la estatua de Ícaro, símbolo de las ansias del ser humano por realizar los sueños más atrevidos y al mismo tiempo una advertencia ante los hechos precipitados. Esta estatua, que con sus 3, 5 metros de altura y siete toneladas de peso es la tercera mayor obra plástica de bronce del país, simboliza los ascensos y las caídas que ha experimentado Ostrava en el último siglo.

¡Qué vista tan preciosa! En verano podrán convencerse de que Ostrava es una de las ciudades de la República Checa con más zonas verdes: con 30 metros cuadrados de parques por habitante. Allá en el horizonte al sur diviso la sierra de Beskydy, el lugar preferido de descanso de los habitantes de Ostrava, a sólo unos 30 kilómetros de distancia de la ciudad. En el lado opuesto se ve Polonia. Y por detrás del Ayuntamiento pasa el río Ostravice, que además de constituir la frontera entre Moravia y Silesia, dio el nombre a la ciudad. Ostrava viene de "ostrá voda" - literalmente "agua aguda".

Nos encontramos a una altura de 72 metros. La torre mide en total 85, 6 metros. El Ayuntamiento Nuevo fue construido en estilo constructivista entre los años 1925 y 1930 por encargo del entonces alcalde Jan Prokes, y su torre verde se convirtió en uno de los símbolos de la ciudad. Debajo del edificio supuestamente se encuentran catacumbas. La fachada está decorada con cuatro estatuas de bronce que personifican las cuatro funciones de Ostrava: la minería, el comercio, la ciencia y la metalurgia.

La plaza del Ayuntamiento fue denominada Prokes, según el nombre del alcalde. Pero como tampoco las plazas quedan a salvo de los giros de la Historia, hubo épocas en que la plaza lucía el nombre de Hitler o de Stalin. Pero hablemos mejor de aquel mineral que marcó la cara de Ostrava.

De acuerdo. ¿Ves la colina allá al fondo? Se llama Landek. Por allí pasaba desde tiempos remotos la denominada ruta de ámbar que enlazaba el Mar Báltico con el Mediterráneo. Hace unos 25 mil años habitaban el Landek los cazadores de mamuts.

¿Qué tienen que ver los cazadores de mamuts con el carbón?

Mucho. Fueron los primeros en utilizarlo. Se dice que rodearon su hoguera con piedras negras que habían encontrado en los alrededores y averiguaron sorprendidos que estas piedras ardían y daban más calor que la leña. Era carbón.

En Landek, en lugar de una antigua mina, se encuentra hoy en día el Museo de Minería más grande de la República Checa.

"Tengo tan poca sangre, tan poca sangre, y además me sale de la boca ..." Así describe el difícil destino de los mineros el bardo de Silesia Petr Bezruc, en uno de sus poemas, interpretado por el cantautor Jaromír Nohavica. El carbón fue redescubierto en Ostrava en el valle Burña en el año 1763 por el herrero Kelticka, o según otras fuentes, por el molinero Jan Augustýn.

Pasaron varios años más antes de que la gente se diera cuenta del valor del carbón. Al principio se usaba solamente para calentar las cárceles del emperador.

En el año 1828 el arzobispo archiduque Rudolf sentó las bases de la futura fábrica siderúrgica de Vítkovice. En el año 1830 construyó el primer horno de pudelar de la monarquía austríaca, antecesor de los actuales altos hornos.

Ostrava, hasta aquel momento una ciudad provincial e insignificante - fue mencionada por escrito por primera vez en el año 1267 en el testamento del obispo de Olomouc Bruno - empezó a crecer. Para que puedan hacerse una idea del boom que experimentó la ciudad, fíjense que en su primer año de existencia la fábrica de Vítkovice empleaba a 45 obreros. Trece años más tarde ya eran 400 personas.

En el año 1880 Ostrava contaba con aproximadamente 41 mil habitantes. En las postrimerías del siglo 19 su número subió a 125 mil.

Los altos hornos, una mina y una fábrica de coque, pertenecientes a la fábrica siderúrgica de Vítkovice, fueron declarados Monumento Nacional en el año 2002, y aspiran a ser inscritos en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO.

Para los patriotas de Ostrava, la silueta de los altos hornos de Vítkovice, situados a pocos pasos del centro de la ciudad, es como el panorama del Castillo de Praga para los habitantes de la capital checa.

Como ya hemos bajado de las alturas a las profundidades, propongo hacer una escala en la mina Michal en Ostrava-Michálkovice, hoy el Museo Industrial. De guía nos servirá Otto Plásek, quien trabajó en esta mina como geólogo entre los años 1962 y 1990.

"El pozo de la mina fue excavado en el año 1843. Más tarde compró la mina la compañía Ferrocarril del Norte de don Fernando, empresa que construyó el ferrocarril desde Viena, Austria, a través de Ostrava, hasta Cracovia, en Polonia. Entre los años 1912 y 1915 todo el área de la mina se reconstruyó de acuerdo a las tecnologías más modernas de la época. Surgió un nuevo edificio de administración, una nueva sala de calderas, un taller mecánico, una nueva torre de extracción, y un nuevo taller de máquinas. Este se equipó con máquinas eléctricas de explotación que estuvieron en servicio desde el año 1914 hasta el año 1994, cuando la mina se cerró".

El Museo Industrial de Ostrava aplicó la teoría del último día. Es como si los mineros hubieran abandonado la mina Michal ayer y pudieran volver a cualquier hora.

"En estos ganchos con cadenas los mineros colgaban sus cosas, y luego las subían hasta el techo para no mojarlas en la ducha. El sonido que acaban de escuchar surge al bajar un gancho. Si lo multiplican por 250 o 400, el número de mineros por jornada, se pueden imaginar el ruido que había. En los ganchos tenían botas de goma, ropa de trabajo, casco, ropa interior, y una botella para bebidas - té, agua, café. El café se preparaba en las plantas de arriba, y aún en el año 1962 fluía por los tubos hasta aquí, y los mineros se lo echaban en botellas".

Observando la ropa colgada del techo, estas duchas me recuerdan a una sala con ahorcados. Mejor sigamos al señor Plásek que nos guía a través de la mina Michal.

"En esta pared estaba colgado un altar en homenaje a Santa Bárbara, patrona de los mineros. Antes de bajar a la mina, los mineros rezaban a Santa Bárbara y le cantaban".

Ahora nos encontramos en una sala donde están expuestos los aparatos de rescate.

"Aquí tenemos un respirador que utilizaban los socorristas. El aparato pesa 18 kilos. Es curiosa la máscara. Cuando se le empañaban los cristales, el socorrista no podía quitársela, por eso la máscara tenía un limpiaparabrisas manejable con la mano desde fuera".

Los mineros bajaban al subsuelo en un ascensor instalado en la torre de extracción. En caso de avería tenían que subir escalando, por medio de un sistema de escaleras.

"Aquí, se tardaban cuatro horas y media en escalar los 620 metros desde la decimoctava planta hasta la superficie".

Nada que envidiar a los mineros. No me extraña que buscaran consuelo en el alcohol.

También en eso pensaron los magnates carboneros. El conde Wilczek hizo construir tabernas alrededor de sus minas, donde los mineros solían gastar sus salarios bebiendo. Muy listo, ¿verdad?

¡Pobres esposas e hijos!

Sí. Se dice que el día que se pagaban los sueldos, las mujeres esperaban en la entrada de las minas para cobrarle por lo menos algo al marido.

En los años 20 del siglo 19, y luego en los años 50 del siglo 20, cuando se construyó la empresa metalúrgica de Nová Hut, Ostrava era la ciudad donde más alcohol se bebía en todo el país. Se concentraron varias tabernas y bares en la calle Pod Laubama, al lado de la plaza central de la ciudad. Por desgracia, hoy en día esta calle con bonitas casas burguesas con arcos ya no existe.

En el Ayuntamiento Nuevo empezamos nuestra visita a Ostrava, y en el Ayuntamiento Viejo la finalizaremos. Este edificio renacentista, situado en la Plaza Masaryk en el centro de la ciudad y construido en el siglo 16, es la casa más antigua que se conserva del casco municipal original. Desde el año 1931 alberga el Museo Municipal de Ostrava, que se enorgullece, entre otros, de un curioso reloj astronómico casero. El reloj, compuesto de 2500 piezas, mide 225 centímetros y cumple 51 funciones.

Su constructor, Jan Masek, técnico de la fábrica siderúrgica de Vítkovice, lo donó a Ostrava en el año 1967, con ocasión del 700 aniversario de la primera mención escrita de la ciudad.

Nos despedimos de la metrópoli de Moravia del Norte con la canción de Jaromír Nohavica titulada "Ostrava". Esperamos volver un día, porque Ostrava ofrece mucho más de lo que ha cabido en este Radioviajes.

26-02-2005